Soldados israelíes juntaron dinero para salvar la vida de su compañero


Soldados israelíes juntaron dinero para salvar la vida de su compañero

por Adam Ross

Una unidad de las FDI junta dinero para salvar la vida de un soldado

Algunas semanas después de comprometerse, Mendel Gordon descubrió que tenía cáncer. Sus compañeros entraron en acción.

Mendel Gordon, un soldado solitario de las FDI (Fuerzas de Defensa Israelíes), completó su servicio como paracaidista y conoció a la chica de sus sueños. Apenas unas semanas después de comprometerse descubrió que tenía cáncer. Los médicos en Israel le aconsejaron efectuar una cirugía de emergencia en los Estados Unidos. Para eso debía pagar 90.000 dólares, una suma fuera del alcance de su familia.

Lo que ocurrió a continuación fue asombroso. En una entrevista exclusiva con AishLatino

 Mendel Gordon describió su increíble historia de hermandad, en la que los soldados de su unidad del ejército lo acompañaron y juntaron cada dólar necesario para salvar su vida.

Los desafíos de ser un soldado solitario

Mendel Gordon, originario de Brooklyn, tenía 19 años en el 2015 cuando firmó para servir en las fuerzas armadas, tras enamorarse de Israel durante su año de estudio en una ieshivá. Después de convencer a sus padres de su plan de unirse a una unidad y pasar un arduo entrenamiento físico, Mendel se enlistó en la brigada de paracaidistas, donde sirvió durante dos años y medios.

“Por momentos el entrenamiento era duro”, asegura Mendel. “Teníamos que cargar 55 kilos de equipo y realizar largas marchas, pero la parte más difícil fue no ver a mi familia”. Las dificultades económicas impidieron una visita. Sin embargo, un año y medio después de haber comenzado su servicio, un fondo de caridad que apoya a los soldados israelíes dirigido por Ari Fuld (ayudó a traer a Israel a su madre, Mindi Gordon, para que pudiera ver a su hijo recibir la boina roja en una ceremonia especial en el Muro Occidental.

“Fue muy emotivo para ambos.Somos una familia muy unida”, dice Mendel al recordar sus sentimientos cuando vio a su madre en medio de la multitud de parientes orgullosos. Sin embargo, la experiencia también le permitió abrir los ojos a los lazos de amistad y apoyo que existen dentro de las fuerzas armadas israelíes, aunque en ese momento nunca imaginó que ellos lograrían salvar su vida un año más tarde.

A pesar de las diferencias culturales e idiomáticas que enfrentó por ser un soldado solitario de otro país, Mendel dice que las amistades que estableció fueron profundas. “La amistad se desarrolla a través de lo que se va experimentando juntos día tras día. Literalmente cada uno debe cuidar la espalda de los demás. Al protegernos constantemente y cuidarnos, se crea un fuerte sentimiento de responsabilidad mutua”.

comenzó a salir con Rujama Tokayer, la hermana de un amigo de la ieshivá, y rápidamente comprendió que había encontrado a la joven con la que deseaba casarse.

Él se lo propuso, ella aceptó y la vida parecía un sueño, hasta que todo sufrió un cambio imprevisto. Al pasar Shabat en la casa de su prometida, Mendel notó que tenía tres pequeños bultos en el cuello. “No me sentía mal en absoluto”, asegura Mendel, pero de todos modos decidió revisar de qué se trataba. Justo antes de Pésaj en abril del 2018, luego de una biopsia y múltiples análisis de sangre, Mendel descubrió la devastadora noticia de que una forma agresiva de linfoma de Hodgkin se había esparcido por su cuerpo.

“Imagina que te atropella un camión y luego te despiertas sobre el pavimento. Esa es una buena forma de describir cómo me sentí, como si lentamente estuviera recobrando la consciencia”.

La pareja aceptó el consejo de su familia y amigos y pospusieron los planes de la boda cuando los médicos se retractaron de su optimismo inicial respecto a la posibilidad de tratar su condición al no lograr ubicar el origen de su cáncer. Con un gran signo de interrogación sobre su futuro, Mendel fue derivado al hospital Sloane Kettering en Nueva York, donde habían tratado más casos similares.

Después de confirmar el diagnóstico, él informó a su familia y llamó a sus amigos del ejército para contarles lo que estaba ocurriendo.

Cuando la noticia se difundió, el teléfono de Mendel recibió una cantidad de mensajes de apoyo, muchos de los soldados de su unidad. “Estamos contigo”, dijo uno. “Te cubrimos la espalda”, dijo otro.

Donde vayas, yo iré

Sin la mínima duda, Rujama, la prometida de Mendel, insistió en acompañarlo a Nueva York para su tratamiento, aunque en ese momento no tenían la menor idea respecto a cuánto tiempo llevaría o si sería exitoso. “Ella no firmó para participar en esto, pero permaneció a mi lado. Fue conmigo a Nueva York, vivió con sus tíos y estuvo cada día a mi lado”.

Una vez en los Estados Unidos, la familia Gordon descubrió que el tratamiento costaría alrededor de 90.000 dólares. La familia y los amigos decidieron recaudar el dinero. “Mis padres no tenían el dinero y yo no tenía manera de pagar lo que era necesario”, explicó. “Había demasiadas cuentas médicas que pagar”.

Inicialmente, ellos organizaron una “fiesta de brajot” (bendiciones) que fue también una fiesta de compromiso a la cual llegaron alrededor de 300 amigos y parientes con donaciones y buenos deseos. Allí la mayoría de los parientes y amigos de Mendel conocieron por primera vez a Rujama. “Juntamos una buena suma, pero no estábamos ni cerca de la cifra necesaria y el tiempo no jugaba a mi favor”.

Los amigos de Mendel del ejército se enteraron de la necesidad de recaudar dinero a través de un post de Facebook sobre ese evento.

Te cubrimos la espalda

Recordando su servicio en el ejército, Mendel dice que el comandante de su compañía, Roi Friedberg, era alguien a quien él iba a pedir consejo, pero no alguien con quien sintiera que tuviera una relación especialmente amistosa. “No te confundas, siempre me cayó bien, pero no tenía con él una conexión mayor que con cualquier otro soldado”. Lo que ocurrió a continuación le mostró que los lazos de amistad iban más profundo de lo que él había pensado.

Roi Friedberg movilizó de inmediato a los 150 soldados bajo su comando, detalló la situación de Gordon y les explicó que a pesar de encontrarse del otro lado del mundo, Mendel precisaba su ayuda y ellos harían todo lo posible para ayudarlo. Roi emitió una orden poco habitual: les ordenó a sus soldados sacar sus teléfonos y compartir un post de alto impacto en los medios sociales con un link para un sitio de recaudación que Friedberg había creado. “Literalmente, salieron a laguerra por mí”, dice Mendel.

Roi Friedberg (al centro) con sus paracaidistas

Pero Friedberg no había terminado. Como la unidad precisaba más potencia, decidió que todos acudirían a Omer Adam, uno de los cantantes israelíes más populares, y le suplicarían agregar su peso a la campaña. “Todos le enviaremos un mensaje a la 1 pm y le reenviaremos ese mensaje cada día a esa hora, hasta que él comparta nuestro post con sus decenas de miles de admiradores”, les dijo Roi a sus paracaidistas.

Omer Adam compartió el post y la unidad se dirigió también a otros cantantes y actores israelíes, junto con otras iniciativas que concluyeron con una maratón de 5 km patrocinada con una fiesta de cerveza en la línea de llegada.

A medida que la campaña ganó impulso y eventualmente llegó a más de 5000 personas, Mendel y su familia observaban asombrados desde Nueva York. Lograron recaudar la suma total.

El espíritu de amistad encabezado por el comandante de su compañía dejó a la familia sin palabras. “Creo que mis padres comenzaron a entender más lo que yo estaba haciendo en Israel y por qué sentí la necesidad de permaneces allí todo ese tiempo”.

“Me sorprendí, me asombró terriblemente cuánto ayudó todo el mundo. Fue increíble”, dijo Mindi Gordon, la madre de Mendel.

La cirugía que salvó su vida

En Sloane Kettering, Mendel reaccionó bien a la quimioterapia y pasó una compleja cirugía para quitar los nódulos linfáticos de todo su cuerpo. Los médicos lo monitorearon de cerca después de la cirugía y finalmente le dieron el alta.

Mendel atribuye su recuperación a Dios y al esfuerzo colectivo de sus amigos, familia y, en especial, de su unidad. Cientos de personas se unieron a grupos que recitaron Salmos por su recuperación. “Al comprender cuántas personas se preocupaban realmente, lo que los soldados de mi unidad estaban haciendo por mí, y cuántas personas pensaban en mí, eso me hizo sentir que había una fuerza extraordinaria para darme un empujoncito más; sentí que peleaban por mí”.

Rujama estuvo a su lado todo el tiempo durante las semanas posteriores a la cirugía, visitándolo y cuidándolo cada día. “Si empiezo a hablar sobre lo que siento por lo que ella hizo por mí, comenzaré a llorar. No sé si soy capaz de articularlo debidamente”, asegura Mendel.

Finalmente, la pareja regresó a Israel el 25 de noviembre para reanudar los planes de su boda. En el aeropuerto los recibieron más de 30 soldados y comandantes de su unidad. “Ser parte de algo tan fuerte es una sensación maravillosa”, dijo Mendel.

La boda

La pareja tuvo que replantearse los planes de la boda, esta vez por razones positivas: los cientos de personas que habían apoyado a Mendel deseaban tomar parte en la celebración. Sin querer excluir a nadie, ellos dejaron una invitación abierta para unirse a los bailes y alrededor de 500 invitados indicaron que llegarían.

Encontrar un salón de fiestas adecuado a la cantidad de invitados y que ellos pudieran pagar también puso en funcionamiento una increíble cadena de eventos, que comenzó la noche posterior a la cirugía de Mendel cuando él recibió un mensaje de texto de un soldado de su unidad del ejército cuyo padre tiene un gran salón de fiestas en Jerusalem y lo ofrecía gratuitamente a la pareja.

Mendel y Rujama en el camino de regreso a Israel

“En ese momento estaba repleto de morfina y ese momento parecía muy lejano”. Una vez que él recobró un poco de fuerzas, la pareja amablemente rechazó la oferta explicando que si Mendel lograba recuperarse harían una boda pequeña y privada.

Más tarde, cuando entendieron cuántas personas deseaban asistir, Rujama efectuó algunas averiguaciones desde Nueva York y encontró el lugar perfecto en Israel. Cuando ella explicó por qué no podían llegar a ver el lugar en persona, el dueño le dijo que su hijo servía en la misma unidad que su prometido y que él ya había ofrecido el salón gratuitamente. Mendel y Rujama se quedaron sin palabras.

“No lo podíamos creer. La sensación de estar protegidos a lo largo de este camino era inmensa. Nunca sabemos lo que ocurre en nuestras vidas, pero yo sentí que Dios me protegió constantemente”.

En su boda tuvo la oportunidad de dirigir algunas palabras a los amigos que habían hecho tanto por él. “Estas son cosas difíciles de expresar con palabras. Les dije que eran mis amigos de por vida y cuánto me habían ayudado. Esa era la boda que yo no estuve seguro si llegaría a tener lugar”.

Recuperación completa

A menudo, cuando alguien está enfermo le deseamos una “refuá shelemá”, una recuperación completa. Sin embargo, para Mendel esta idea es difícil. “Mi salud nunca volverá a ser lo que era. Yo era un saludable soldado combatiente y me acaban de efectuar una incisión de 40 centímetros desde mi cuello hasta el abdomen. La realidad es que no volveré a estar en donde me encontraba antes”. Preocupado, consultó a un rabino sobre este tema y obtuvo una bella respuesta.

“Mi rabino explicó que la idea de completitud en mi recuperación no tiene que ver con volver a ser algo que era, sino más bien con una imagen más global de lo que me he convertido y lo que escogeré hacer con el resto de mi vida. Esta idea realmente me llegó, especialmente después de toda la bondad que recibí”.

Mendel comenzó a pensar sobre el futuro y su primera idea fue devolver parte de la tzedaká (caridad) que recibió. “Decidí que me gustaría seguir una carrera en negocios, ganar 10 millones de dólares y donarlos a personas que lo necesiten”.

La lucha para mantenerse positivo

Otra de sus ideas fue alentar a los demás. Mendel admitió que no siempre fue sencillo mantenerse animado y hubo momentos en los que lo superaron los sentimientos negativos. “¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué justo yo? ¿Por qué tanto dolor? Estaba hundido en un círculo vicioso”, asegura. “Estaba enojado con la enfermedad que me había dado vuelta la vida y no podía aceptar lo que había pasado. Para ser honesto, a veces me sentí muy enojado y frustrado”.

Su rabino sugirió que cambiara la forma en que pensaba y comenzara a hablar con más pensamientos positivos. “Me dijo que incluso si no lo sentìa de esa manera, en esencia si uno habla de esa forma, se comportará también de esa manera”.

Desesperado por llegar a un estado más positivo, Mendel inspiró profundo y creó una página de Facebook llamada “Del ejercito a la guerra – la lucha contra el cáncer”, para compartir algunos pensamientos y alentar a otros que también luchan contra el cáncer, comenzando con una descripción honesta de cómo se había sentido y convocando a otros que sintieran de forma similar a buscar cualquier pensamiento positivo que pudieran hallar y que lo usaran para empujar su lucha hacia la recuperación. La respuesta fue sobrecogedora.

Desde ese primer post, siguieron otros y también surgió una nueva idea que tuvo con Roi Friedberg, su comandante del ejército que dirigió la campaña, en la que el par cuenta su historia de crisis, amistad y cómo él aprendió a pensar positivamente.

“Queremos revolcarnos en nuestros problemas”, dijo hace poco Mendel ante un grupo de estudiantes universitarios en un seminario en Israel. “Es muy fácil dejarse caer en esos sentimientos. Uno se siente bien: déjenme estar furioso, el mundo me falló, déjenme estar molesto. ¿Pero a quién ayudamos? ¿Qué logramos además de afectarnos negativamente a nosotros mismos? Escoger dejar de lado lo malo de tu vida y focalizarte en lo bueno te ayuda a sentirte bien, pero lo más importante es que te pone en control de tu propia situación”.

La boda

Hoy Mendel y Rujama Gordon, recién casados, viven en Israel, con el drama del último año atrás y trabajando para hacer del mundo un lugar mejor. Mendel ahora trabaja en una compañía startup en Jerusalem, comprometido a cumplir sus sueños y mejorar el mundo.

Aish Latino



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