Nabucodonosor reconoció el poder del Dios de Israel

La presión social es como un horno ardiente. ¿Cómo reaccionaron Janania, Mishael y Azaria cuando fueron sentenciados a ser quemados?

Por: Rabino Lazer Brody

“…  Y traerás a sus hijos cerca y los vestirás con túnicas” (Éxodo 29:9)

Hashem le ordenó a Moisés que trajera a los hijos de Aaron y los vistiera con las ropas sacerdotales para prepararse para el servicio Divino. Entonces por qué Hashem dice: “Acerca a sus hijos”? Hashem podría haberle dicho a Moisés: “Y los vestirás con túnicas” ¿Qué tiene que ver la ropa con la cercanía, y la cercanía con quién exactamente?

La Guemará dice algo muy sorprendente respecto a las ropas sacerdotales: “Cuando visten sus ropas, su sacerdocio está sobre ellos, pero cuando no usan sus ropas, no son como sacerdotes sino como extraños”.[1] Ciertamente podemos comprender que la Halajá exija que los Cohanim lleven a cabo sus deberes sacerdotales en el Templo Sagrado estando debidamente vestidos con sus vestimentas sacerdotales. Sin embargo, si no están vestidos así, ¿por qué se los considera como extraños? ¿Y qué mensaje tiene esto para la posteridad?

Nuestras ropas reflejan tanto nuestra personalidad como nuestros deseos. El que se viste en forma digna, decente, y de acuerdo con los parámetros de recato está demostrando que quiere estar cerca de Hashem más que estar cerca de la sociedad, el estilo, la moda o la presión social. Hashem ordena que seamos una nación de sacerdotes y una nación sagrada;[2] como tal, la ropa recatada y decente es la vestimenta sacerdotal de hoy en día, lo cual demuestra que nos identificamos con Hashem y con Sus preceptos y manifiesta nuestro deseo de estar cerca de Él.

El Rey Nabucodonosor conocía el mérito de la juventud judía. Después de que destruyó el Primer Templo y subyugó a Jerusalén y a Judea, exiliando a los judíos a Babilonia, él ordenó a su comandante en jefe Ashpenaz que encontrara a nobles jóvenes de Judea que fueran “inmaculados, apuestos, habilidosos en todas las formas de sabiduría, discernientes en conocimiento… y capaces de servir en el palacio del rey”.[3] Janania, Mishael y Azaria eran tres jóvenes nobles de la tribu de Judea que fueron elegidos además de Daniel.

El rey hizo todo lo que estaba a su alcance por hacer que se asimilaran, o sea, que olvidarán su judaísmo. Los jóvenes se cambiaron de nombre y ahora se llamaban Shadraj, Meshaj. Los res  y Abednego, que eran nombres basados en las deidades babilónicas. Sin embargos, estos cambios externos no ejercieron ningún efecto en su firme fe y devoción a Hashem que impregnaba cada fibra de su ser. Y a pesar de la enorme presión social que los rodeaba, ellos no se asimilaron ni pusieron en compromiso sus principios de fe en lo más mínimo.

Nabucodonosor erigió una estatua de oro y ordenó que todo el reino se postrara ante ella.[4] Un grupo de informantes traicioneros y antisemitas le dijeron al rey que los tres jóvenes “designados para los asuntos de Babilonia”[5] se negaron a obedecer la orden del rey. Furioso de rabia, Nabucodonosor mandó llamar a Shadraj, Meshaj y Abednego, que se presentaron ante el rey, quien les dijo: “¿Acaso es verdad, Shadraj, Meshaj y Abednego, que ustedes no sirven a mis dioses ni adoran la imagen de oro que he establecido?”. Ahora cuando oigan el sonido del cuerno la flauta, la cítara, la lira, el arpa, las gaitas y todas las clases de música, si están dispuestos a adorar la imagen que he hecho, pues bien. Pero si no, entonces serán arrojados inmediatamente a un horno ardiente. Y entonces ¿qué dios podrá rescatarlos de mi mano?”.[6]

Explica Rashi[7] que si bien Janania, Mishael y Azaria fueron sentenciados a muerte, ellos no bajaron al horno ardiente vestidos como presos en el corredor de la muerte sino que vestían las nobles vestimentas del ministerio judío y, de acuerdo con el Metzudat Tzion, se parecían a las ropas que usaba el Rey David.[8] Durante su hora más difícil, se negaron a transigir. Como resultado, su milagroso rescate y salvación, fueron una monumental santificación del Nombre de Hashem  hasta tal grado que el propio Nabucodonosor declaró: “Bendito es el Dios de Shadraj, Meshaj y Abednego, Quien ha enviado a Su ángel y ha salvado a Sus siervos, que Lo deseaban”.[9]

Uno tiene que preguntarse a sí mismo: “¿Acaso ganarme la aprobación de mis compañeros, que son personas de valores cuestionables, justifica que yo sacrifique Mi cercanía a Hashem? La Torá, en la sección de esta semana, nos transmite un mensaje eterno: que nuestro tradicional modo de vestirnos es conducente a la cercanía con Hashem, mientras que transigir en nuestra forma de vestirnos nos hace como extraños para Hashem, Dios no lo permita.

Todos estamos esperando la inminente Gueulá – Redención. Nuestros antepasados en Egipto fueron remididos de la esclavitud en virtud haberse negado a cambiar de ropa, nombre e idioma. Lo que funcionó para ellos ciertamente ha de funcionar también para nosotros.

Shadraj, Meshaj y Abednego insistieron en seguir siendo Janania, Mishael y Azaria. Y su devoción a Hashem es un brillante ejemplo para todas las generaciones. El “Siftei Cohen” señala que esto está indicado en sus nombres, pues las iniciales de los tres nombres babilonios, shin, mem y ain, forman la palabra Shemá, que es nuestra más grande declaración de una fe en Hashem sin compromisos!

Breslev

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