Mordejai Wolff el judío que descubrió las vacunas contra el cólera y la peste bubónica

La mayoría de las personas pueden identificar quiénes descubrieron las vacunas más importantes del mundo, incluyendo a Louis Pasteur (rabia, ántrax), Edward Jenner (viruela) y Jonas Salk (polio e influenza). Pero el nombre de Mordejai Wolff (Waldemar) Haffkine, un judío ortodoxo al que se le acredita el desarrollo y el uso de vacunas contra el cólera y la plaga bubónica, fue olvidado a pesar de que, sin dudas, salvó muchas más vidas que los científicos antes mencionados.

Fue aclamado como «el Jenner judío». Joseph Lister, el pionero de la cirugía antiséptica, lo definió como «un salvador de la humanidad» y, en la segunda edición del Jumash Soncino, Rav Iosef Hertz, el influyente Gran Rabino del Imperio Británico, señaló que fue «un científico famoso».

Hijo de un comerciante secular y una devota madre ortodoxa, Haffkine (1860-1930) nació en lo que ahora es Ucrania. Su madre falleció cuando era pequeño y fue criado por su abuela materna, de quien recibió fuertes sentimientos judíos. De joven también fundó la Liga Judía para la Defensa Propia en Odesa, y lo hirieron cuando defendía un hogar judío durante el pogromo de Odesa en 1881.

Haffkine comenzó su carrera científica como protozoólogo y protistólogo en la Universidad de Odesa en 1879 bajo Elie Mechnikov, uno de los «padres de la inmunología» que compartió el Premio Nobel de fisiología o medicina con Paul Ehrlich. Fue expulsado de la Universidad en 1882 por protestar ante la renuncia forzada de Mechnikov por ser judío, pero tras una dura batalla en contra de la administración, recibió su título de Doctor en Ciencias en 1884. Le prohibieron obtener una cátedra porque se rehusó a convertirse a la iglesia ortodoxa rusa y el hecho de mostrar siempre abiertamente su orgullo judío, algo muy extraño en esa época y en esos círculos, sin dudas no lo ayudó.

Partió de Odesa en 1888 para un breve trabajo dando clases en Ginebra, y luego siguió a Mechnikov a París, donde se unió a su mentor y a Louis Pasteur en el recién establecido Instituto Pasteur.

A comienzos de 1890, cuando una de las cinco grandes pandemias de cólera del siglo XIX devastó Asia y Europa, el interés de Haffkine se volcó a la bacteriología práctica y enfocó su investigación en desarrollar una vacuna contra el cólera. Produjo una forma atenuada de la bacteria del cólera y arriesgó su vida al inyectarse a sí mismo la primera dosis el 18 de julio de 1892. Dos semanas más tarde reportó su hallazgo exitoso ante la Sociedad Biológica, pero su descubrimiento no fue aceptado por sus colegas más importantes

Determinado a probar la eficacia de su vacuna, decidió que el mejor lugar para hacerlo era en la India, donde cientos de miles de personas perdían sus vidas a causa del cólera que azotaba la región. A principios de 1893, finalmente obtuvo permiso de las autoridades británicas para ir a la India y probar sus vacunas en los deltas de los ríos Ganges y Brahmaputra, las principales fuentes de difusión del cólera, pero encontró cuatro problemas abrumadores.

Para cuando se vio forzado a regresar a Inglaterra en el otoño de 1875, porque había contraído malaria, ya había vacunado a unas 42.000 personas enfrentando dificultades monumentales, . Dos años después de su regreso a Calcuta en 1893 para continuar su trabajo, los casos de cólera entre los vacunados habían disminuido en un 80%.

Cuando la peste bubónica golpeó a Bombay en octubre de 1896 con una tasa de mortandad que duplicaba a la del cólera, el gobierno de India le pidió ayuda a Haffkine, y él comenzó a trabajar en un laboratorio rudimentario asumiendo la intimidante tarea de desarrollar la primera vacuna del mundo contra la plaga. Trabajando prácticamente solo, logró desarrollar una vacuna que estuvo lista para ser probada tres meses después y, una vez más, la probó primero en sí mismo el 10 de enero de 1897. Poco después de haber anunciado sus resultados exitosos a las autoridades, la plaga estalló en la Casa Byculla de Corrección, en Bombay. Allí condujo pruebas controladas, y la mayoría de las perdidas ocurrieron entre las personas no vacunadas.

 

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