La tierra tiembla y sufre: son los “dolores del parto del Mesías”

Los dolores de la llegada del Mashíaj (Mesías)

Nota del Editor:

Este artículo tiene gran relevancia en estos momentos en que el Ejército de Defensa Israelí se encuentra en el sur de Israel tratando de aplacar el incesante ataque de misiles provenientes de Gaza contra un creciente número de ciudades del sur y el centro de Israel, que ya causó víctimas fatales y gran cantidad de heridos entre los ciudadanos. Di-s quiera que todos nos despertemos sin necesidad de que nos tengan que “sacudir” desde arriba y que llegue pronto la Gueulá, la Redención Final y definitiva del Pueblo Judío y el mundo entero, ¡Amén!

Estamos viviendo una época tremenda: todo el que no fortalezca su emuná puede llegar a convertirse en un candidato inmediato para el estrés, la ansiedad e incluso cosas mucho peores, que Di-s nos libre.

Hace más de unos años (viernes a la noche, 11-3-11), una banda de terroristas asesinó cruelmente a la familia Fogel de Itamar: Rabi Udi (36), su esposa Ruth (35) y sus hijos Yoav (11), Elad (4) y la bebita Hadas, de apenas 3 meses de edad. Es imposible describir con palabras la pérdida y el dolor de estas benditas almas que simbolizaban toda la belleza del Pueblo de Israel y la Tierra de Israel.

Si bien podríamos escribir varias horas acerca de la forma en que los medios, faltos de Emuná, la fe auténtica, han abandonado a nuestros queridos hermanos y hermanas en Judea y Samaria, y aunque sabemos que no existe absolutamente ninguna diferencia entre los asesinos de Hamas en Gaza y los asesinos con apoyo occidental que se dan a conocer como “Las Autoridades Palestinas”, nosotros, aquí, en Breslev Israel, no jugamos a quién tiene la culpa ni apuntamos los dedos a los culpables. ¿Por qué? Porque sabemos que todo proviene del Creador y Él quiere que abramos los ojos.

Después de ver el terremoto de 9 en la escala Rijter que tuvo lugar en Japón, y el subsecuente tsunami que sacudió por el aire barcos mercantes como si fueran barquitos de papel, ¿acaso a alguien le quedan dudas de que Di-s es Todopoderoso?

Las cifras de víctimas que mencionan los medios nos suenan a broma, porque aún no se limpiaron todos los escombros y no se puede saber a cuánto ascienden. Al momento de escribir estas líneas, por lo menos una de las plantas nucleares de Japón fue dañada por el terremoto y está perdiendo material radioactivo… ¿Cuánto? Todavía no se sabe…

¿Y qué me dicen del huracán en los EEUU?…

El mundo árabe continúa en llamas desde Marruecos en el oeste hasta Yemen en el este. Y como si no bastara con los trastornos políticos, fíjense en todos los recientes terremotos, erupciones volcánicas, huracanes y tifones, aludes de barro y el invierno tremendamente duro que está viviendo el mundo entero. No hay dudas de que acá está pasando algo. La gente ya no puede seguir ignorando lo que está ocurriendo en el mundo, metiendo la cabeza en el suelo como el avestruz, porque ahora hasta el suelo está temblando…

¿Qué es lo que ocurre en el mundo y por qué? ¿Cuál es la conexión entre el caos que reina en el campamento de Ismael en Medio Oriente (que con el tiempo se extenderá a los campamentos de Ismael en Europa y otros puntos de occidente) y todos los desastres naturales?

La respuesta es muy simple: la tierra está temblando y todos estos temblores son los dolores de parto que preceden la llegada del Mashíaj (el verdadero Mesías). Así como durante el parto la mujer experimenta dolores y contracciones insoportables, así también el mundo está ahora sufriendo dolores y contracciones atroces que conducirán al nacimiento de un mundo nuevo y más espiritual: el mundo del Mashíaj, la Redención, y nuestro Sagrado Templo, muy pronto en nuestros días. Amén. Es por eso que nuestros Sabios llamaron a esta época “Jevlei Mashíaj”, la era de los dolores de parto del Mashíaj, porque los desafíos de esta generación se parecen a los dolores de parto.

A la luz de lo que acabamos de decir, deberíamos preguntarnos dos preguntas muy importantes:

  1. ¿Cuál es nuestra tarea en medio de todo este caos que nos rodea?
  1. ¿De qué manera podemos sobrellevar esta época tan difícil?

Como prefacio a nuestra respuesta, traeremos a colación una parábola que contó el gran Sabio y Justo, el Jafetz Jaim, de bendita memoria:

En un pintoresco pueblito europeo, vivía una vez un almacenero, que era muy amable con la gente y les permitía comprar alimentos a crédito. Este almacenero nunca se enojaba con ellos por no pagar la cuenta y por eso todos en el pueblo lo querían mucho. Un día, entró al almacén un hombre, tomó una botella de leche y una hogaza de pan y los colocó en su bolso. “Anótelo en mi cuenta”, le dijo al almacenero mientras salía del almacén.

Rápidamente, el almacenero salió de detrás del mostrador y llamó al hombre para que volviera a entrar al almacén: “Yankel”, le dijo, “ya no puedo anotarte más en la cuenta. No sólo eso, sino que tengo que pedirte que me pagues todo el dinero que me debes: Mil ciento cincuenta rublos”.

El cliente casi se desmaya del susto: “¡Mil ciento cincuenta rublos! ¡Pero si eso es lo que gano en un año entero! ¿Por qué me pides que te pague al contado todo de una sola vez? Hace años que anoto en el almacén, y al final siempre pagué…”. “Pues estás equivocado: eso sólo demuestra que lo que me pagaste estaba muy lejos de cubrir la deuda que me debías. Hace un montón de años que vienes acumulando esta deuda y ahora llegó el momento de pagarla, porque estoy por vender el almacén y el nuevo dueño tiene que empezar con una cuenta nueva. Además, yo ya no voy a trabajar más, sino que estoy pensando en retirarme y mudarme a un lugar en el que pueda descansar y gozar de paz y tranquilidad”.

La parábola del Jafetz Jaim puede entenderse con facilidad: el almacenero es el Creador. Hasta ahora, Él postergó el pago que le debía el mundo por todos sus pecados. En otras palabras, Él dejó que “anotaran” sus deudas espirituales en vez de “pagar al contado”, vale decir, arrepintiéndose a diario de todas sus faltas. Pero todo está registrado. Todas las deudas pasadas deben ser pagadas, porque Di-s está “por vender el negocio”, o sea, el mundo va a pasar a estar en manos del “nuevo administrador”, el Mashíaj. Éste será un mundo de Emuná y una conciencia espiritual muchísimo más grande; para que la persona pueda existir en este nuevo mundo, primero tiene que pagar todas las deudas. Además, el almacenero, o sea, Di-s, Se está por mudar a Su hogar de paz, el Sagrado Templo en Jerusalén.

Rabi Akiva aludió a este concepto en el tercer capítulo de “Ética de los Padres” cuando dijo: “El negocio está abierto. El Dueño te deja pagar a crédito; el libro de contabilidad está abierto; la Mano escribe y todo el que quiera pedir prestado puede venir y pedir prestado… las deudas se le van a cobrar a la gente con o sin su consentimiento… y todo está listo para el Banquete”.

“El banquete” es la alusión de Rabí Akiva a la Redención y la época Mesiánica, que están a punto de llegar. Es por eso que el Creador del Universo está limpiando el mundo tan a fondo y con tanta rapidez. Entonces, ¿qué es lo que tenemos que hacer?

Lo primero que tenemos que hacer es dejar de lloriquear y dejar de una vez por todas de quejarnos de las dificultades de la vida, porque ellas están limpiándonos y preparándonos para la Gueulá, la total Redención de nuestro pueblo. Por eso, debemos entender que ellas son para nuestro propio bien y tenemos que darle las gracias a Di-s por ellas. Pero si no queremos que nos envíen todavía más dificultades, lo único que tenemos que hacer es hacer Teshuvá (arrepentimiento y retorno al buen camino) a diario. Cuando limpiamos nuestras propias almas, el Creador no tiene necesidad de limpiárnoslas.

En segundo lugar, debemos dejar a un lado toda la lógica y nuestros intelectos tan pero tan limitados y simplemente confiar en Di-s. Debemos librarnos del mito de “El poder y la fuerza de mi brazo…” y cambiarlo por el hábito de depender del Creador para todo lo que necesitamos.

Fíjense en lo que dice la Torá en la Parashá Zajor, que leímos el Shabat antes de Purim: “Y cuando el Señor tu Di-s te dé un respiro de todos tus enemigos que te rodean, en la tierra que el Señor tu Di-s te da como herencia para que la poseas, sucederá que borrarás el recuerdo de Amalek de debajo del cielo. ¡Nunca te olvides!” (Deuteronomio 25:19).

Seamos precisos con respecto a la directiva de la Torá de borrar todo el recuerdo de Amalek. La Torá afirma: “Y cuando el Señor tu Di-s te dé un respiro de todos tus enemigos que te rodean”: esto se refiere a lo que Di-s hace, no nosotros ni nuestro ejército. El Creador mantiene a nuestros enemigos tan ocupados con sus propias luchas internas que les queda poco tiempo para “atendernos” a nosotros. Y cuando sí decidan -de acuerdo con las profecías (ver Ezequiel, cap. 14, entre otros)- alzarse contra Jerusalén, Di-s librará nuestras batallas en lugar de nosotros y los aniquilará.

Pero el Creador nos dejó una tarea que hacer. Es verdad que Él destruirá a nuestros enemigos ismaelitas, pero nosotros tenemos que borrar el recuerdo de Amalek, tal como afirma la Torá: “Tú borrarás el recuerdo de Amalek”: ustedes, queridos hijos e hijas de HaShem.

Entonces ¿de qué manera borramos el recuerdo de Amalek? Rabi Natan de Breslev afirma en numerosas instancias en su obra, Likutey Halajot, que Esaú es Amalek y Amalek es el Pegam HaBrit, o sea, el abuso de la santidad personal.

El Midrash cuenta acerca del Día del Juicio, cuando los ministros Celestiales de las Doce Tribus de Israel se enfrentan al Ministro de Esaú y Amalek en la Corte Celestial:

El Ministro de Reubén, el primogénito de Yaakov (Jacob), inicia su demanda contra Esaú y Amalek. Antes de que logre decir una sola palabra, el Ministro de ellos lo silencia, diciendo: “¿Quién eres tú para hablar? ¡Todos nosotros recordamos lo que le hiciste a la concubina de tu padre, Bilha!”

Los ministros de Shimon y Levi, el segundo hijo y el tercer hijo, se ponen de pie y se acercan al estrado. Ellos tampoco pueden pronunciar una sola palabra, porque el Ministro de Esaú y Amalek brama: “¡Vuelvan a sus asientos, asesinos! ¡Ustedes masacraron toda la ciudad de Shejem después de que aceptaron circuncidarse!

Luego llega el Ministro de Yehuda (Judá), el cuarto hijo: el Ministro de Esaú y Amalek también lo ataca, declarando: “¿Cómo te atreves a hablar en mi contra, hipócrita? ¡La historia sabe lo que hiciste con tu nuera Tamar!”.

Los ministros de Isajar, Zevulún, Dan, Naftali, Gad y Asher van corriendo al estrado de los testigos pero el Ministro de Esaú y Amalek los corta de una sola vez: “¡Ustedes no tienen derecho de hablar! Ustedes vendieron a su hermano como esclavo por el precio de un par de zapatos. No les importó la angustia que sintió su padre. ¡Váyanse de acá!”.

Entonces el Ministro de Benjamín exclama: “¡Yo no participé en la venta de mi hermano José y…!”, pero enseguida el Ministro de Esaú y Amalek lo interrumpe en el medio y dice con una sonrisita en el rostro: “Tú cállate, Benjamín. Todos nosotros sabemos lo que le hiciste a la pobre concubina en Guivá”. Benjamín y todos sus otros hermanos sienten gran vergüenza hasta que… el Ministro de José se pone de pie en el Tribunal Celestial. Sus ojos son como dos llamaradas de los que emanan los fuegos de la santidad. La perfecta santidad de José quema al Ministro de Esaú y Amalek ahí mismo, en el Tribunal Celestial, tal como dijo el Profeta Ovadia (Abdías): “Y la Casa de Jacob será un fuego y la Casa de José, una llamarada y la Casa de Esaú, paja y ellos lo encenderán y lo devorarán”.

Únicamente el atributo de José de Tikún HaBrit, cuidar el pacto, o sea, la santidad personal, es capaz de destruir a Amalek, nieto de Esaú y bisabuelo del malvado Hamán. Nuestra tarea consiste en fortalecer nuestra Emuná, nuestra Teshuvá y nuestra santidad personal, todos los cuales van de la mano a fin de borrar la fuerza espiritual negativa de Amalek de la faz de la tierra.

Tal como nos enseña la Sección de la Torá, la Parashá Zajor, Di-s Se encarga de nuestros enemigos físicos pero quiere que nosotros libremos la batalla de la santidad.

Estos tiempos son momentos especialmente propicios para borrar a Amalek. Todo el esfuerzo que hagamos, por más leve que sea, por cuidar los ojos y no mirar cosas indebidas, cuidar la lengua y la forma en que hablamos y vestirnos con el debido recato nos proporcionan otro clavo más en el ataúd de Amalek.

Tenemos sí o sí que ganar esta batalla, ¡y cuanto antes – mejor!

Breslev

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