Francine Christophe : La hermosa historia de un trozo de chocolate

Francine tuvo que lucir en su pecho la estrella amarilla con la palabra juif (‘judío’) como muchos otros en aquella época. En 1944, ella y su madre fueron capturadas y deportadas al campo de Bergen-Belsen. Tenía entonces 11 años de edad. A los deportados con suerte se les permitía entrar con una pequeña bolsa donde meter algunos enseres personales.

La madre de Christophe había metido dos onzas de chocolate en su bolsa para dársela a su hija cuando necesitase fuerzas; sin embargo, Francine no las necesitó. La madre pidió permiso a su niña para dárselas a la parturienta Helene, con quien compartían la misma barraca.

En el año 2015 se filmó la película Human, compuesta por una serie de testimonios que tratan de las guerras, las desigualdades y las discriminaciones. Human nos confronta con la realidad y la diversidad de la condición humana. Más allá del lado oscuro, los testimonios muestran también la empatía y la solidaridad de las que somos capaces.

El testimonio de Francine Christophe ocupa un selecto espacio en esta película. Relata cuando en la barraca donde estaban asignadas ella, la mamá, y una mujer desvalida que, acababa de dar a luz a una delgadita criatura, su madre le pidió de favor le entregara a la parturienta la única barrita de chocolate que la niña portaba en su mochilita. Ella aceptó gustosa y la puso en manos de la desfalleciente recién parida.

Ya liberadas en el año 1945 ellas regresaron a Francia. Pasaron muchos años y no volvieron a saber nada de la madre ni la criaturita. En una conferencia que Francine estaba impartiendo sobre el hecho citado, abundó que si en esos años  hubieran existido psicólogos o psiquiatras, mucho les hubieran ayudado a los liberados a rehacer sus vidas; hacerlos aceptar de la mejor manera su terrible trauma.

En esos momentos se acercó una joven, metió la mano a la bolsa del abrigo y le dijo a la expositora:

— Hola Francine; soy psiquiatra. Yo soy aquella niña que nació en la barraca de Bergen-Belsen. ¡Muchas gracias!

¡Y extendiendo su brazo le correspondió con una barrita de chocolate de 4 onzas!

¿Acaso, al igual que Francine,  no podremos obsequiarle un “chocolate” a un ser más desvalido que nosotros?

 

Con información de RuizHealyTimes

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