El ejemplo de la Mujer de Lot: prohibido mirar hacia atrás



La columna de Sal

Por Sara Esther Crispe

Me han dicho que uno “debe vivir de acuerdo con el momento” y debe encontrar el modo en que su vida se conecta con la porción semanal de la Torá (parashá); que solo cuando podemos vernos reflejados en la Torá, podemos decir que verdaderamente hemos aprendido.

Al leer esta parashá, aprendemos cómo fue la destrucción de Sodoma y Gomorra. Nos enteramos de cómo Lot es salvado mientras su esposa es convertida en una estatua de sal. Entonces, tratamos de ver nuestra vida reflejada en esas palabras. Con seguridad, preferiríamos que no fuera así, ya que la conexión es sumamente intensa, real y verídica. Preferiríamos creer que es simplemente una historia, una lección acerca del mal universal que termina por ser removido. ¿Cómo podemos identificarnos con una estatua de sal? Y sin embargo, lo hacemos y mucho.

La historia es así. Una comunidad malvada está destinada a ser destruida. Dicha comunidad va a ser aniquilada en su totalidad, y Abraham es advertido de la destrucción por adelantado. Él discute con Di-s y le ruega que no destruya las ciudades ni a sus habitantes. Le ruega que los perdone en virtud del mérito de los cincuenta hombres justos. Pero no puede encontrar estos cincuenta justos. Intenta conseguir cuarenta y cinco. Cuarenta. Treinta. Veinte. Diez. Y sin embargo, no los encuentra. La ciudad está totalmente corrompida y, por eso, debe ser destruida.

Solo Lot y su familia serán salvados. Con una condición: no deben mirar atrás. Pero la tentación es muy grande. Y la mujer de Lot mira. Y se convierte en una estatua de sal.

Es por eso que nosotros, también, somos con frecuencia estatuas de sal. Ancladas y petrificadas entre dos sitios, donde nunca deberíamos haber estado y donde tenemos que ir. Si solo tuviéramos la fuerza para dejar que se vaya.

Debemos intentar razonar. Entender por qué ciertas cosas son buenas para nosotros. Incluso, si no fuera así, debemos pensar si son buenas para alguna persona, ¿no es cierto? Aunque solo sea para una sola persona, ¿verdad? No, no es así. No hay bondad en ello. No hay nada para rescatar. Debe ser destruido. La relación no puede existir. Lo único que podemos hacer es salvarnos a nosotros mismos. Y esto solo lo conseguiremos si no miramos hacia atrás.

Nunca mires hacia atrás. Sin embargo, no puedes evitarlo. Das el primer paso. Dejas el lugar donde nunca deberías haber estado para dirigirte hacia donde debes ir. Si solo pudieras llegar a ese lugar y dejar todo atrás. Verdaderamente, dejar atrás aquello que intenta disminuirte y destruirte. Si sigues caminando, se habrá ido para siempre. Si puedes soltarlo, perderá el poder para lastimarte. Y sin embargo, una y otra vez, miras hacia atrás.

Y una vez más, te petrificas como una estatua de sal.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *