¿A dónde vamos todos cuando nos quedamos dormidos?

 

¿Por qué los seres humanos experimentamos cada noche una mini muerte?

 

Una persona de 90 años habrá pasado alrededor de 32 años de su vida durmiendo. Qué ridículamente inmensa inversión de tiempo en una actividad que ni siquiera entendemos.

 

Sí, hay varias ideas (la teoría de la conservación de la energía, la teoría de la restauración, la teoría de la plasticidad cerebral) respecto a esta común necesidad humana, pero no hay ninguna respuesta obvia. Una cosa es la necesidad de descansar, de dejar de moverse por un rato para recargar energías, pero… ¿cuál es el propósito de entrar a un estado de consciencia completamente alterado?

Siempre detesté la necesidad de dormir. Como la muerte, pone a los hombres más poderosos de espaldas. Frank Underwood, «Castillo de naipes».

Hablando de forma evolutiva, el sueño parece algo bastante peligroso. ¿Por qué la selección natural habría de elegir un mecanismo regenerativo que nos vuelva a todos inconscientes (y en consecuencia presas fáciles) durante un tercio de nuestras vidas? ¡Se hubiera podido lograr de forma mucho más efectiva! De hecho, en el reino animal hay múltiples ejemplos de mecanismos de sueño más inteligentes.

 

Por ejemplo, los delfines logran algo que se llama sueño unihemisférico: sólo duerme la mitad de su cerebro, mientras que la otra mitad asegura que el delfín se mantenga cerca de la superficie para respirar y estar en guardia ante sus predadores. Ellos alternan entre los dos hemisferios para obtener suficiente sueño para todo su cerebro. ¡Eso es eficiencia!

 

Los avestruces y los ornitorrincos duermen de pie, con ambos ojos abiertos.

 

Las ranas toro ni siquiera entran en un estado de sueño. En cambio simplemente tienen estados de descanso a lo largo del día.

 

Estados de consciencia alterados

Hay muchas formas de entrar en un estado de consciencia alterado y están bien documentadas. Estas incluyen la alucinación, la hipnosis, estados de trance, meditación y substancias psicotrópicas (incluyendo drogas y alcohol, pero no limitado a esto). La humanidad buscó activamente estas experiencias a través de medios (música, sesiones de espiritismo), substancias y/o experiencias trascendentales. Aparentemente alejarnos de nuestros sentidos normativos es un deseo primigenio. El ser humano ha buscado tales experiencias desde que existe la cultura.

 

La sociedad maya precolombina, por ejemplo, consumía ritualmente el balché, una bebida similar a la miel hecha con la planta alucinógena Longocarpus longistylus. Los olmecas usaban alucinógenos como el tabaco nativo (nicotiana rustica) o el veneno psicoactivo que se encuentra en la glándula paratiroidea del sapo marino (bufus marinus).

 

¿Pero por qué? ¿Sólo por diversión o hay en juego algo mucho más profundo?

 

«¿Adónde vamos todos cuando nos quedamos dormidos?» —Billie Eilish

El sueño puede ser el único estado alterado al que entramos involuntariamente. En el ciclo del sueño hay varias etapas. En la etapa 2 la persona comienza a experimentar husos de sueño, complejos K, ondas Theta y Delta. Todas estas ondas pueden ser identificadas a través de un electroencefalograma. Durante esta etapa (como en muchos otros estados de trance), nuestro ritmo cardíaco y la respiración se vuelven más lentos y disminuye la temperatura corporal.

 

Todo está muy bien, pero volvamos a preguntarnos: ¿por qué? ¿Por qué preferimos las ondas Theta antes que nuestra consciencia normativa? ¿Por qué no mantenernos alertas y productivos como la increíble rana toro?

 

Dos clases de consciencia

Cómo es que una cosa material (como un humano) puede llegar a tener consciencia de sí mismo es otro gran misterio para el cual no tenemos una respuesta definitiva. La ciencia y la filosofía han dado vueltas alrededor de este tema durante cientos de años. Algo importante ocurrió a finales del siglo XIX cuando Freud y otros popularizaron nuestro entendimiento de la capa de consciencia a la cual ahora nos referimos como la mente subconsciente o el inconsciente. Qué extraño debe haber sido darse cuenta que gran parte de lo que pensamos en un momento dado sobre el mundo, sobre nosotros mismos o sobre cualquier cosa, es algo que funcionalmente desconocemos.

 

¿Cuál es el origen de estos dos niveles de consciencia?

 

Porque de hecho nuestra consciencia no se crea a sí misma. Ella brota de profundidades desconocidas. En la infancia se despierta gradualmente y durante toda la vida se despierta cada mañana de las profundidades del sueño de una condición inconsciente. Es como un niño que nace cada día del útero primordial del inconsciente. —Carl Jung

 

Para quienes están familiarizados con las meditaciones matutinas del Sidur (el libro de plegarias judías), las palabras de Jung suenan conocidas:

 

Dios mío, el alma que me has entregado es pura. Tú la creaste, Tú la formaste; Tú la insuflaste en mí y Tú la preservas dentro de mí. Eventualmente la tomarás de mi y me la restauraras en el futuro venidero. Mientras el alma está dentro de mí, te agradezco a Ti, Ado-nai Dios mío y Dios de mis padres, Amo de todas las creaturas, Amo de todas las almas. Bendito eres Tú, Ado-nai, Quien devuelve las almas a los cuerpos muertos.

 

Por lo tanto, la cita previa de Frank Underwood es correcta: el sueño es una especie de mini muerte. De hecho, los sabios talmúdicos calcularon que es una sesentava parte de la muerte, una relación que es el umbral mínimo de percepción. Es decir que existe un mecanismo natural incorporado en cada persona que en esencia la deja parcialmente muerta durante aproximadamente 8 horas al día, siendo incapaz de conectarse con las actividades diarias del mundo material.

 

Como los profetas de la antigüedad que necesitaban entrar a un estado de trance que dejaba sus cuerpos inertes para que su conciencia pudiera liberarse para conectarse con dimensiones superiores, nosotros logramos lo mismo a través del simple acto de dormir, el momento en el cual interactuamos más directamente con el subconsciente. De acuerdo con la Cabalá, de la misma manera en que el cuerpo naturalmente filtra y separa lo bueno de lo malo, nuestras almas necesitan pasar por un proceso similar de limpieza que se logra al dormir y soñar. Y, como un espía que vive una segunda existencia en una tierra alejada de su hogar, el alma necesita «comunicarse» regularmente con su patria para mantenerse equilibrada y concentrada en su misión.

 

Como entidades multidimensionales, los seres humanos vivimos simultáneamente tanto en la dimensión física como en la dimensión espiritual. Nuestras mentes se dividen apropiadamente para vivir en ambos mundos. La mente consciente se mide con nuestra dimensión física; la mente inconsciente se mide con la dimensión espiritual. —Rav Ariel Bar Tzadok

 

En la actualidad, la ciencia cognitiva no puede explicar ni la necesidad de la clase de sueño que tenemos ni cómo llegó a surgir la consciencia. Las culturas de todo el mundo buscaron conscientemente cómo acceder al inconsciente de diversas formas e incluso la psicología moderna se ha fijado en un aspecto de esta antigua suposición: que de hecho hay una dimensión oculta de la mente que vale la pena explorar. ¿Puede que sea tal como lo definieron en la antigüedad? ¿Acaso nuestras almas quedan desencadenadas para vagar por las alturas mientras dormimos?

 

Es una idea muy tentadora. De acuerdo al pensamiento judío la respuesta es que sí.

 

Aish Latino

 

 

 

 

 

¡Recorre Israel con nosotros!

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