Vivir en Israel es como vivir con “una gran familia”

Sólo en Israel
Los placeres de vivir con la familia.

por Sara Yoheved Rigler

Los judíos en Israel viven en medio de su mishpaja – su familia. Somos una familia revoltosa, peleadora y a veces disfuncional, pero no obstante somos una familia. Y las acciones de esta familia brillan desde las siguientes historias reales.

Sólo en Israel:

En la fiesta de Lag Baomer, casi el 10% de la población de Israel migra hacia la tumba del sabio talmúdico Rabi Shimon Bar Yojai en el monte Merón en el norte. Algunos años atrás, mi amiga Uriela Sagiv se unió a la peregrinación. Alrededor de las 9:30 p.m. tomó un bus para un viaje de entre 3 y 4 horas para regresar a su hogar en Jerusalem. Confiada de que la última parada sería la Estación Central de Buses de Jerusalem, desde donde ella tomaría un taxi hasta su casa, Uriela se quedo profundamente dormida.

Horas más tarde, se despertó por una voz que decía: “Esta es la última parada”. Ella miró hacia fuera. No era la Estación Central de Buses, sino que un barrio totalmente desconocido de Jerusalem.

“¿Dónde está la Estación Central de Buses?”, preguntó aturdida.

“Oh, eso fue hace tres paradas”, respondió el conductor del ahora vacío bus. “El bus va ahora hacia el cobertizo – esta es la última parada”.

Como el área parecía ser residencial, Uriela le pidió al conductor del bus si la podía dejar en la calle principal para tomar un taxi.

“No puede tomar un taxi en ningún lugar por acá señora, no a estas horas de la noche”, fue su respuesta.

“¿Qué voy a hacer?”, le preguntó al borde del espanto.

“¿Dónde vive usted?”

“En la Ciudad Vieja”.

“Está bien, yo la voy a llevar”.

Y el conductor dio la vuelta con el autobús vacío y llevó a su único pasajero otros 20 minutos hasta la Ciudad Vieja.

Sólo en Israel:

Una mañana muy poco después del ataque terrorista en Merkaz HaRav, donde ocho estudiantes de la ieshivá fueron asesinados, un autobús estaba realizando su ruta por la calle de la ieshivá. El bus se detuvo en la parada de buses frente a la ieshivá, y el conductor puso el freno, se paró, y se dio vuelta hacia el bus lleno de pasajeros que iban en camino hacia su trabajo. Él les dijo que su sobrino era uno de los niños asesinados, y les preguntó si podía hablar por un par de minutos sobre el niño. Todos los pasajeros asintieron con la cabeza. El conductor procedió a hablar sobre las maravillosas cualidades de su sobrino, mientras que las lágrimas caían por las mejillas de los pasajeros. Luego una mujer sentada cerca del frente del autobús se paró, se dio vuelta y dijo que uno de los niños asesinados era el hijo de su vecino. Ella preguntó si podía hablar sobre él. De nuevo, los pasajeros asintieron. Ella habló acerca de este pequeño bueno y gentil. Cuando ella terminó, el autobús continuó con su ruta.

Sólo en Israel:

Un rabino y su familia, visitando Israel desde Estados Unidos, tomaron un taxi hacia el cementerio de Har Menujot para visitar la tumba de un abuelo que había fallecido hacía mucho tiempo. Cuando llegaron al cementerio, se quedaron perplejos por su tamaño y por la falta de algún empleado que los guíe hacia la tumba. El taxista estacionó y cerró su coche, y pasó horas ayudándolos a buscar la tumba.

Sólo en Israel:

Lia Rostenne estaba comprando en el mercado Majané Yehudá. Compró un par de docenas de huevos, pero cuando fue a pagarle al vendedor, se dio cuenta que no le quedaba más dinero. “No se preocupe”, le dijo el vendedor a Lia, a quien no conocía en absoluto. “La próxima vez que venga, me paga”.

Una vez Lia llevó un cheque a una casa de cambio, pero al escribirlo, cometió un error que invalidaba al cheque. El cajero le dio el dinero que ella necesitaba – miles de shekels – y le dijo que le trajera un cheque bueno el día siguiente. Todo lo que él tomó como “garantía” fue su número de teléfono celular.

Incidentes similares, en que vendedores que no me conocían dijeron que tome la mercancía y les pague luego, me ocurrieron a mí numerosas veces. No hay duda que cada israelí tiene muchas historias así.

Sólo en Israel:

Hacer aliá, o hacerse ciudadano de Israel, es el derecho de todo judío. Sin embargo, puede ser una pesadilla burocrática que toma varias semanas en muchas filas y el escribir resmas de papel. Un miércoles hace varios años mi amiga Susie Frel, quien había estado viviendo en Israel con una visa de turista, fue diagnosticada con un terrible cáncer de ovarios en etapa 3. Los doctores le dijeron que debía empezar la quimioterapia inmediatamente, pero Susie no tenía seguro médico. En aquellos días, todo nuevo olé (inmigrante) tenía seis meses de seguro médico gratis. El jueves Susie fue al Ministerio de Absorción de Inmigrantes y aplicó para hacer aliá, explicándoles sobre su difícil situación. Para el lunes, el día que debía empezar con la quimioterapia, ella ya era toda una ciudadana israelí.

Sólo en Israel:

Una pareja estaba pasando por tiempos complicados y se vieron obligados a vender su departamento. Recibieron $10.000 en billetes de cien dólares como depósito por la venta. Camino a casa, pararon a comprar pan en la panadería Angel´s. La esposa estaba cargando los $10.000 en un sobre café sobre sus piernas. Cuando salió del coche a la lluviosa noche, debe habérsele caído. Tan sólo cuando llegaron a su hogar, se dieron cuenta que el dinero no estaba.

Un cliente de la panadería encontró un sobre café con una gran suma de dólares americanos en la vereda. Él fue donde su rabino y le preguntó cómo podía realizar la mitzvá de devolverle el objeto perdido a su dueño. ¿Cómo sería capaz de encontrar alguna vez a su dueño? El rabino le aconsejó que llamara a una de las estaciones de radio religiosas de Israel y que hagan el anuncio, por supuesto que sin divulgar los signos identificadores (la cantidad de dinero, la moneda, el valor, etc.).

Mientras tanto, el aterrado marido fue donde su rabino para pedirle un consejo. Era ya muy entrada la medianoche cuando llego a la presencia del rabino. Tan pronto como le relató que había perdido $10.000, el asistente del rabino dijo: “Acabo de escuchar por la radio que alguien encontró una gran suma de dinero cerca de Angel´s”. Llamaron a la estación de radio he hicieron la conexión.

Pero ese no es final de la historia. La persona que encontró los $10.000 estaba tan emocionada de poder realizar la mitzvá de devolver un objeto perdido, que levantó a sus hijos para que lo acompañen a la cita nocturna con el dueño, para que ellos pudieran presenciar la alegría con la que un judío hace una mitzvá.

Sólo en Israel:

Moshé Solomon, del asentamiento de Itzajar, adquirió un Mitsubishi usado por 80.000 shekels ($20.000 dólares). Una semana más tarde, advirtió que el número de serie había sido falsificado. Era realmente un automóvil robado.

Después de reportarlo a Arutz 7 (Canal 7), Moshé condujo el coche a la estación de policía en Ariel para devolverlo, pero los policías se negaron a lidiar con el problema. Luego fue a estaciones de policía en otras ciudades en el intento de rastrear a los dueños verdaderos del vehículo, pero fue en vano.

“Vi que el caso no llevaba a ninguna parte”, dijo Moshé, “así que decidí hacerlo por mi cuenta. Luego de varios esfuerzos, logré rastrear al agente del seguro que vendió la póliza de seguro del auto. Finalmente contactó al dueño del automóvil, quien fue a recuperar su auto”.

Cuando el reportero de Arutz 7 le preguntó cómo haría para recuperar el dinero que había pagado por el coche, Moshé respondió, “No se si lo haremos. En este minuto estamos sin los 80.000 shekels, pero hemos ido a la corte (en contra de un instituto de testeo de autos) con la intención de recuperar nuestra pérdida. A pesar del hecho que fuimos aconsejados por gente que sabía del tema – aunque no estoy seguro de qué es lo que saben – de que nos quedemos con el carro hasta que alguien nos descubra, lo que puede no ocurrir nunca, esta no es la forma en que fuimos educados. Sentí que este era el momento de la verdad. No es suficiente hablar sobre cómo actuar. Esta fue nuestra verdadera prueba, y esto era lo que teníamos que hacer, así que lo hicimos”.

El importador de los autos Mitshubishi en Israel estaba tan impresionado por la honestidad de Moshé Solomon, que le regaló un automóvil nuevo.

Sólo en Israel:

Una tarde durante la Primera Guerra del Golfo, Ruth Shlossman estaba en un bus repleto, haciendo su camino desde el centro de Jerusalem hacia el barrio residencial de Har Nof. Mientras el bus se acercaba a Har Nof, la sirena se encendió alertando un ataque con mísiles Scud. Los chóferes de Eged (la compañía nacional de buses de Israel) tenían órdenes de estacionar al lado del camino cuando sonara la sirena, y todos los pasajeros debían colocarse sus mascaras de gas.

El bus estaba lleno de gente que volvía a su casa del trabajo. Preocupados por sus hijos, no querían esperar en el bus al lado del camino. Ellos anhelaban estar con sus familias durante el ataque. Algunos pasajeros le rogaron al conductor que continúe con su ruta.

El chofer se paró e hizo un anuncio. “No tengo permiso para conducir por la ruta y detenerme en las paradas de bus durante las alarmas. Sin embargo, le voy a pedir a cada pasajero que me de su dirección, y los voy a llevar a cada uno hasta su puerta”. ¡Y eso es exactamente lo que hizo!

Sólo en Israel:

Aura Wolfe, una joven viuda que vivía en Jerusalem, estaba sufriendo de una gripe. Un amigo que estaba de visita de los Estados Unidos necesitaba ir a un lugar, así que Aura llamó al taxista con el que normalmente viajaba. Cuando el chofer llegó a la puerta de Aura, se di cuenta que ella estaba enferma. Él le ordenó a Aura que se siente en su cocina. Luego, preguntando donde estaba este ingrediente y aquel otro, el conductor procedió a prepararle a Aura un remedio casero que había aprendido de su madre.

Aish Latino

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