¡Qué dignas son tus tiendas Jacob!: tus clases de estudios y tus sinagogas

¡Qué dignas son tus tiendas Jacob!: tus clases de estudios y tus sinagogas

Nuestras Dignas Tiendas
Por Yanki Tauber

El Talmud hace las más incómodas preguntas: ¿Qué quiso decir Bilaam? ¿Cuáles fueron esas maldiciones que se transformaron en bendiciones?

Quiero decir, todos oímos la historia de cómo el Rey Balak convoca a Bilaam para maldecir a los Hijos de Israel y cómo Di-s transforma las maldiciones en la boca del pérfido profeta en bendiciones. Leemos los versos que fluyen de los labios de Bilaam que incluyen algunas de las más delicadas palabras jamás dichas sobre el pueblo judío. Hermosa historia; pero el Talmud pregunta: ¿Qué quiso decir Bilaam? ¿Cuáles fueron esas maldiciones que se transformaron en bendiciones?

Bueno, sigue la lógica Talmúdica, si las maldiciones se transformaran en bendiciones, entonces las maldiciones hubieran sido lo diametralmente contrario de las bendiciones. Si deseamos saber lo que Bilaam quiso decir, debemos echar una mirada más profunda a las palabras que realmente masculló.

¿Qué bendijo Bilaam? Que grandes reyes se levantarían en Israel, estableciendo una dinastía que se extenderá por generaciones y nunca se interrumpirá; que Israel será para siempre soberana en su tierra, la más grande y poderosa entre la familia de las naciones, la Presencia Divina morará en ella, guiando a la humanidad en su búsqueda de sabiduría y servicio a su Creador. Así que, ¿qué quiso decir Bilaam? Exactamente lo contrario: los reyes de Israel caerán, su dinastía real se cortará, su soberanía cesará, la Presencia Divina en su Santo Templo partirá, su poder fracasará y su liderazgo desaparecerá.

Pero el Talmud no lo deja todo así. Insistiendo en ese punto, pregunta qué pasó al final. En la era del rey David y del rey Shlomó se cumplieron las bendiciones de Bilaam. Pero luego todo empezó a caerse en pedazos. La gente abandonó a Di-s, la nación entró en conflicto; la dinastía Davídica fue destronada, el Santo Templo destruido, el orgulloso pueblo expelido de su tierra, subyugado y perseguido por siglos.

¡Así que al final prevalecieron las maldiciones de Bilaam prevalecieron! Di-s las transformó en bendiciones, pero nosotros las volvimos a transformar al formato original de Balaam. La hermosa historia terminó en ruin final.

Pero hay una bendición que hemos retenido. “¡Qué dignas son tus tiendas, Iaakov” proclamó Balaam desde las alturas de Peor. Éstas, dice el Talmud, son las casas de rezos y las casas de estudio plantadas en el corazón de cada comunidad judía.

Estas tiendas y moradas nunca se desarman. Después de dos docenas de siglos como “los hijos desterrados de la mesa de su padre,” todavía cumplimos con Di-s tres veces por día en nuestras casas de rezos. Treinta y tres siglos después de Sinaí, la Torá todavía se estudia, se expone y se debate en nuestras casas de estudio.

A esta bendición nos hemos aferrado vehementemente. Y esta bendición restaurará para nosotros todas las demás.

Jabad

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