¿Por qué Moisés no heredo su liderazgo a sus hijos?

¿Por qué Moisés no heredo su liderazgo a sus  hijos?

 

PERASHAT PINEJAS: Yehoshua bin Nun y Thomas Edison

 

Yosef Bitton –

 

Moshé Rabenu sabe que su vida, pronto, va a terminar. También sabe que su pueblo, Am Israel, necesitará un líder que lo reemplace .  ¿Quiénes son los candidatos?

 

Lo más natural, en esa época y en esas circunstancias , hubiera sido que los hijos de Moshé lo reemplacen.  Al fin y al cabo todo nuestro sacrifico es “para nuestros hijos”. Y Moshé podría haber pensado que eel se sacrifico lo suficiente como para merecer ver a sus hijos tomar el mando.

 

Pero todo esto es tratar de leer el pensamiento de Moshé. Ya que en sus hijos no son mencionados por la Torá como candidatos a la sucesión. Sus nombres no parecen del todo en el texto que habla del legado de Moshé y quien lo va suceder.

 

Pero los Sabios del Midrash “leyeron la mente” de Moshé y afirman que, en un principio,  Moshé sí pensó en sus hijos como sus herederos naturales. Los sabios dedujeron esto de la yuxtaposición de dos textos. El texto que habla del señor Tselofjad y el texto que habla de sucesión política de Moshé. Tselofjad no tenían hijos varones.  Las hijas vinieron a reclamarle a Moshé que ellas merecían heredar las tierras que les corresponderían a su padre. Al final, la Torá les da la razón y las hijas de Tselofjad obtuvieron su herencia.  Los Sabios especulan que  en ese momento Moshé pensó: “Si las hijas de Tselofjad heredan la tierra de su padre,  mis hijos deberían heredar mi posición de liderazgo”.  En este punto los Sabios, con una inusual ausencia de eufemismos, reconstruyen la respuesta teórica que HaShem le manifestó a Moshé: “¡Tus hijos (ישבו להם) no hicieron nada para merecer heredarte. No asistieron a la casa de studios, no se esforzaron para estudiar Torá y aprender.”  Moshé aprende una gran lección:

 

Que la Torá no se recibe por herencia, como un pedazo de tierra.  Que sin esfuerzo no hay logros. Pero aquí no terminó el discurso Divino. HaShem, al final, le transmite a Moshé que quien lo sucediera será Yehoshua, que era el asistente personal de Moshé. Como su secretario privado.   Los Sabios del Midrash dicen que HaShem le transmite su decision a Moshé de esta manera: (con mis propias palabras): “Yehoshua, si bien no es ni tu hijo ni tu sobrino, se esforzó en todo lo que pudo. Durante los años que te asistió Yehoshua se levantaba muy temprano por la mañana y se presentaba en la casa de estudios (בית ועד). Allí, antes de que llegara cualquier otra persona Yehoshua limpiaba el piso,  disponía las alfombras y arreglaba los bancos. Es decir, estaba dispuesto a realizar cualquier trabajo que fuera necesario, sin importarle que ese trabajo no fuera acorde “con su prestigio”….  y se quedaba en la casa de estudio hasta altas horas trabajando, estudiando, ayudando hasta altas horas de la noche, cuando ya todos se habían marchado.”

 

La comparación entre Yehoshua y los hijos de Moshé no deja lugar para ambigüedades. HaShem le enseña a Moshé y por su intermedio. todos nosotros, que los judíos debemos practicar la “meritocracia” .  Esto es, según el diccionario: “Un sistema basado en el mérito. Donde las posiciones jerarquizadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud, del talento, educación, competencia o aptitud específica del individuo para un determinado puesto de trabajo. La sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo.”

 

Moshé aprende que a diferencia de un pedazo de tierra o una gran fortuna,  la Torá NO se hereda automáticamente. El hecho de que mi padre sea o haya sido un gran sabio, no me convierte a mí, su hijo,  en un gran sabio. Y viceversa.  Es posible que un gran sabio haya tenido un padre que no era un gran sabio. En última instancia, mis conocimientos de Torá dependen de MI esfuerzo. Por lo menos en un 99%. Como dijo el famoso inventor Thomas Edison: “Ninguno de mis inventos ocurrió por casualidad. Yo veo que los buenos resultados dependen de intentar una y otra vez hasta que algo ocurra. Se podría decir que un 1 por ciento del éxito depende de la inspiración [=las ideas geniales que surgen espontáneamente] y un 99% depende de la transpiración [=el esfuerzo que uno debe hacer para obtener resultados].

 

Halaja.org

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