Moisés: el más grande de los profetas también era el hombre más humilde.

Moisés: el más grande de los profetas también era  el hombre más humilde.

La humildad de Moshé

 

Un maravilloso pasaje del Talmud describe la grandeza de los Sabios de las generaciones previas. En prosa poética, el Talmud declara: “La muerte de Rabí Janina ben Dosa vio el final de los hombres de acción. La muerte de Rabí Iosi Katanta vio el final de los rectos. Cuando murió Rabí Iojanán ben Zakai, se extinguió la gloria de la sabiduría. Cuando murió Rebi (Iehudá Hanasí), cesaron la humildad y el temor al pecado”.

 

El Talmud continúa con un sorprendente comentario de Rabí Iosef. Él desafió la afirmación respecto a que había desaparecido la humildad, y dijo: “¡Pero yo sigo aquí!”

 

Este comentario no se entiende. ¿Cómo es posible que Rabí Iosef afirme ser humilde, al proclamar su propia humildad?

 

A primera vista, la declaración de Rabí Iosef parece lo opuesto a la humildad. Pero no es así. Porque humildad no significa tener baja autoestima. El judaísmo dice que ser humilde es entender clara y objetivamente quién eres. Una persona realmente humilde reconoce sus fortalezas y debilidades con respecto a sí misma, a los demás y a Dios. Conoce perfectamente cuál es su lugar en el mundo.

 

Considerarse peor de lo que uno es en realidad es un problema de falsa humildad. Cuentan que el director de una ieshivá criticó a un estudiante por caminar con una actitud de humildad. “No eres tan grandioso como para actuar con tal pequeñez” le dijo el rabino.

 

Además, la falsa humildad puede ser peligrosa. Si uno se menosprecia, puede llegar a no actuar cuando la situación lo requiera. Rav Najman de Breslov, un gran rebe jasídico, decía que el error de los rectos es verse a sí mismos demasiado pequeños, lo que les impide hacer lo que podrían hacer para traer la redención.

 

¿Cuál es la descripción principal que la Torá hace de Moshé, el más grandioso profeta de la historia? Él era “la más humilde de las personas” (ver Números 12:3).

 

Precisamente debido a esta cualidad Moshé fue elegido como el transmisor de la Torá de Dios. Al estar dedicado a la verdad y no verse afectado por los autoengaños que ciegan a otros, Moshé conocía su lugar. Por eso tuvo el mérito de ser quien entregó al mundo la verdad de Dios.

 

Al mismo tiempo, Moshé tenía consciencia de que más allá de la posición que uno ocupe, se debe ser cuidadoso al tratar con los demás. Una y otra vez, a pesar de tener consciencia de su propia grandeza, Moshé mostró su humildad al interactuar con sus semejantes.

 

Un hermoso ejemplo lo encontramos en la parashá de esta semana, que comienza relatando que Dios llamó a Moshé desde el Tabernáculo. Como explica Rashi, la palabra utilizada para describir esto, vaikrá, demuestra un contacto muy íntimo. Si bien Dios habla de manera abierta con muy pocas personas, son todavía menos las que llama.

 

Curiosamente, en los rollos de la Torá la palabra vaikrá se escribe con una letra alef más pequeña que el resto de las letras. Si omitiéramos la alef pequeña, la palabra se leería vaikar, una palabra asociada con un encuentro casual; es decir, un nivel de intimidad mucho menor. El Midrash dice que Moshé mismo modificó la escritura para que la alef fuera pequeña. Incómodo con la palabra vaikrá, una declaración de lo mucho que era valorado a los ojos de Dios, Moshé buscó la forma de disimularla sin cambiar el significado del texto original. De esta manera dejó igualmente en claro que era un hombre modesto.

 

Moshé personificó la grandeza de la humildad, porque a pesar de tener plena consciencia de su grandeza, tuvo el cuidado de no ostentarla frente a los demás.

 

Fuente: Halaja.org

 

 

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