Los nazareos: los apartados para Dios en el Templo de Jerusalén

Los nazareos: los apartados para Dios en el Templo de Jerusalén

 

En tiempos del Templo de Jerusalén, las personas –tanto hombres como mujeres- ofrecían a Elohim , durante tiempos determinados , compromisos personales de índole religiosa –votos religiosos (néder)- porque hacerlo era un precepto de La ley, una mitzvá de la Torá, un acto de confianza en Adonai.

 

Estos votos suponían una profunda pero elevada experiencia mística, una acción cuya dinámica te apartaba de la materia física para acercarte a la esencia divina: te desprendía de las ataduras de la vida mundana y te vinculaba con lo intelectual por antonomasia, lo incorpóreo; una gran prueba de fortalecimiento de la emuná personal.

 

Y como tal, el voto del nazareo –el nazirato- tenía que cumplir con una serie de rituales de normas para poderlo considerar apto (kasher) Estas leyes se estipulan en la perícopa (parashá) de Naso, la Nº 35, y la más larga de todas, que se lee el Shabat anterior o posterior a la fiesta de Shavuot (fin de mayo/principios de junio) Libro de Números/ Be´Midbar, 4, 21-7:89. Y por supuesto, todo un tratado talmúdico.

 

De forma general, los nazareos lo eran por un período no inferior a treinta días o, por otro lado, toda vida, desde el vientre de su madre, como fue el caso de quizás el más famoso de los nazareos, Sansón. Samuel el Profeta fue consagrado al nazirato por su madre, Ana, al nacer. Tenían leyes especiales.

 

Básicamente, los preceptos a cumplir por el nazareo eran tres. No tomar, ni siquiera tocar, producto alguno que viniera del fruto sagrado de la vid, no cortar sus cabellos y no tocar nada que estuviera muerto, fuera animal o persona. Al final del nazirato, estaba prescrito una ofrenda en el Templo. Como ahora no hay Templo y por tanto no se pueden hacer sacrificios, el nazirato no se practica por no poder cumplimentarse según La Torá.

 

 

La uva, fruto sacratísimo del judaísmo, se prohibía porque de ella se obtiene el vino; quien consume vino, corre el riesgo de beber lo suficiente como para no poder pensar en plenas facultades mentales. Además, en aquellos tiempos, tomar vino no era algo que pudieras hacer todos los días, sino más bien en momentos de regocijo social de índole mundana, como por ejemplo una boda: ambientes no propicios para separarse de la sociedad y dedicarse a la introspección. No sólo se prohibía el vino, sino hasta el vinagre y hasta la piel del fruto.

 

El cabello humano, en el judaísmo, es de suma importancia tanto para el hombre como para la mujer incluso hoy en día: la mujer ortodoxa, casada, cubre su cabeza con pañuelo –o con pelucas- para avisar de su estado social de casada y para no propiciar concupiscencia. Y el hombre, a quien cortan el pelo por primera vez a los tres años de edad, deja crecer dos tirabuzones en ambas sienes, además de la barba, dicen que para que se una el cerebro al corazón. El nazareo no debía rasurarse porque el pelo es considerado como una especie de kipá física, corona anatómica de la magnífica creación divina llamada Hombre-cada cabello es el último punto de una conexión con un vaso capilar (así llamados no por esta conexión sino por su parecido diametral con el de un cabello) El vaso capilar lo nutre de oxígeno y otros componentes para hacerlo crecer. Es la sangre por la cual circula la vida y por tanto un vaso capilar es un filamento de trasmisión de vida. Cortar el pelo es una forma de matar. Por eso de la misma manera que hay que cuidar la Vida, hay que cuidar el aspecto personal.

 

Puesto que el nazir está separado de la comunidad para dedicar su vota a Dios, se convierte durante el nazirato en una especie de sacerdote (cohen) y como tal debe cuidar su pureza, así que no debe tocar ni acercarse a lo muerto, lo tamé, lo inmundo, porque se volvería impuro y debería recomenzar de nuevo su nazirato. Para retomarlo debía rasurarse el cabello y volver a comenzar.

 

Al finalizar el nazirato, se debía ofrecer un sacrificio en el Templo. Por no haber bebido vino, es decir, por haberse apartado de una maravillosa creación divina había que pedir perdón. Se ofrecían tres víctimas, así como once jalot de cebada y aceite (de oliva, por supuesto) Después afeitaba su cabeza en un lugar que había para esto y quemaban su cabello en el fuego de los sacrificios, el DUD.

 

En hebreo moderno, nazir hoy designa a monje, sea cual sea su religión.

 

Reproducción autorizada: © Enlace Judío

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