¿Existe realmente el libre albedrío? ¿usted qué opina?

¿Existe realmente el libre albedrío? ¿usted qué opina?

El libre albedrío y la gran pregunta

¿Cómo es posible que Dios sepa todo lo que va a pasar en el futuro y sin embargo, cuando llega el momento, yo sea el que toma la decisión?

por Rav Meir Rosenberg

 

Un concepto básico en el judaísmo es que las personas tenemos Libre Albedrío. Esta característica la tenemos únicamente los seres humanos y es la que le da sentido a todas las enseñanzas de la Torá.

 

El mundo en el que vivimos es un mundo “de paso”, un lugar de preparación para algo futuro y no un fin en si mismo. Así como un bebé se prepara en el vientre de la madre durante 9 meses y luego pasa a “la vida real” que es este mundo, así también nosotros, todos los seres humanos, tenemos nuestros “9 meses” en este mundo para luego pasar a “la vida real” en el mundo venidero.

 

El mundo venidero es eterno y está definido como un lugar donde recibimos la recompensa por las buenas acciones que hicimos en este mundo. La definición de este mundo es el lugar donde una persona tiene que trabajar en hacer buenas acciones para recibir en el futuro esa recompensa.

 

Este mundo es el lugar para sembrar y el mundo venidero es el lugar para cosechar. El que se esforzó y trabajó durante su vida en sembrar, tendrá el mérito de cosechar los frutos de sus buenas acciones en el mundo venidero.

El libre albedrío

 

El libre albedrío es la capacidad de los seres humanos de elegir ante cada situación que se nos presenta en la vida. Una buena decisión es aquella que tiene como consecuencia el crecimiento espiritual de la persona, y una mala decisión es la que genera lo contrario.

 

Por lo tanto, nuestra vida se puede graficar como un constante avance y retroceso en nuestro crecimiento espiritual, basado en nuestras constantes decisiones del día a día.

 

El mundo venidero es un mundo espiritual donde nuestras almas disfrutan del placer de la cercanía de Dios.

 

En el mundo venidero no hay cosas materiales, es un mundo espiritual donde nuestras almas disfrutan del placer de la cercanía de Dios. Sin embargo hay distintos niveles de disfrute del placer de la cercanía de Dios. Algunos estarán muy cerca de Dios y tendrán el nivel más alto de placer posible y otros estarán más alejados y recibirán un nivel de placer inferior.

 

Es como cuando una persona está en un concierto, el teatro tiene asientos de primera fila y asientos en la fila número 600. Si bien todos están en el mismo concierto, los de primera fila ven de cerca a los artistas, los pueden tocar, aprecian cada uno de sus movimientos y coreografías, escuchan mejor ¡y hasta pueden subir al escenario!. En cambio los que están en la fila número 600, si bien también están en el “mismo” concierto, no escuchan tan bien, ven a los artistas casi en miniatura, ven que se mueven pero no distinguen los pasos, y obviamente el placer que tienen del concierto es mucho menor.

 

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El “asiento” en el que una persona va a estar en el mundo venidero depende únicamente de su trabajo en este mundo y a eso es lo que llamamos el nivel espiritual alcanzado por la persona, por lo tanto la “recompensa” no es un premio por haber participado de este mundo o un regalo por ser simpático. La “recompensa” es simplemente el asiento que recibirá la persona en el “concierto de Dios”, el nivel de placer que recibirá la persona de acuerdo a su cercanía con Dios, y eso es eterno.

 

¿Qué pasaría si las personas viniésemos a este mundo pre-programados? ¿Si cada una de nuestras “decisiones” fuese el resultado de un algoritmo de decisión previamente implantado en nuestro cerebro?

 

Si es verdad que los seres humanos tenemos libre albedrío, entonces todo lo anterior tiene sentido, pero ¿qué pasaría si las personas viniésemos a este mundo pre-programados? ¿Si cada una de nuestras “decisiones” no fuese realmente producto de nuestra capacidad de elegir, sino que simplemente fuese una consecuencia de nuestro instinto o el resultado de un algoritmo de decisión previamente implantado en nuestro cerebro?

 

Digamos que una persona construye un robot y lo programa para que avance 100 metros y doble a la derecha y luego avance otros 100 metros y vuelva a doblar a la derecha, y así sucesivamente. Si luego del tercer giro el robot se cae por un precipicio y se destruye, ¿alguien se atrevería a culpar al robot por haber tomado una “mala decisión”? obviamente el culpable de su destrucción es la persona que lo programó.

 

Si nosotros somos como este robot, no tiene sentido que Dios nos premie por nuestras buenas acciones. Finalmente nosotros no tuvimos nada que ver con ellas, ¡fuimos sólo un robot que siguió los pasos programados en su cerebro!

 

Es por esto que el libre albedrío es clave en nuestra vida. Si lo tenemos entonces nuestra vida tiene sentido, podemos ser responsables de nuestras acciones y Dios nos puede pedir que durante nuestro paso por este mundo tomemos decisiones correctas que nos hagan crecer espiritualmente. Si no lo tenemos, este mundo no es más que un juego de marionetas donde nadie es responsable de nada y nada tiene sentido.

 

La mayoría de las personas vive su vida bajo el entendimiento que sí tenemos libre albedrío, y por eso es que creemos que hay una cierta ética que hay que seguir en la vida, que los asesinos tienen que estar en la cárcel por que son culpables del crimen que cometieron y le enseñamos a nuestros hijos que son responsables de sus acciones.

 

Cualquiera que no quiera vivir bajo esta premisa, no podría culpar a los nazis por los 6 millones de judíos asesinados o a los terroristas por los ataques cometidos o a ninguna persona que haya hecho algo que a sus ojos no es lo correcto, porque simplemente ellos están actuando bajo las reglas que fueron pre-programadas en sus cerebros desde antes que nacieran y por lo tanto nadie puede culpar a estos “robots” por haberse caído por el precipicio.

La gran pregunta

 

Sin embargo, y a pesar que la lógica dice que tenemos libre albedrío, en la Torá encontramos una aparente contradicción en este tema.

 

Por un lado, la Torá nos dice que tenemos libre albedrío y que somos responsables de nuestras decisiones, pero al mismo tiempo, la misma Torá nos dice que Dios sabe todo lo que va a pasar en el futuro. Más aún, no sólo sabe lo que va a pasar, conoce también los pensamientos de las personas, incluso la idea más fugaz que pueda pasar por la mente de un ser humano.

 

Estas dos ideas son contradictorias.

 

Digamos que Dios sabe que Rubén se va a casar con Sara. Antes que Rubén y Sara nazcan Dios ya sabe que ellos se van a casar en Brasil, el 16 de Enero del 2027. Él va a tener 28 años y ella 24, se van a casar en una playa y van a ir de luna de miel a Europa.

 

Si Dios es realmente conocedor absoluto de lo que va a pasar en el futuro, esto significa que no existe ninguna posibilidad de que Rubén no se case con Sara en Brasil en esa fecha. Entonces cuando Rubén le pide matrimonio a Sara, ¿es realmente esto producto de su libre albedrío?

 

Y si queremos decir que realmente Rubén tiene libre albedrío y que él es el que decide si casarse con Sara o no, entonces el conocimiento de Dios de que Rubén se va a casar con Sara no es absoluto, dado que depende de que Rubén realmente decida eso, y por lo tanto no podemos decir que Dios sabe con certeza absoluta todo lo que va a pasar en el futuro.

 

¿Cómo puede ser que la Torá nos diga que ambas cosas son verdad al mismo tiempo?

La respuesta

 

Antes de responder nuestra pregunta hay que aclarar que nosotros nunca vamos a poder entender realmente a Dios. Lo único que podemos hacer es, bajo nuestros parámetros, tratar de explicar sus comportamientos para relacionarnos de mejor forma con Él. Una creación no puede entender al creador, más aún en este caso que el creador es infinito y la creación finita.

 

El hecho que Dios sepa algo que va a pasar en el futuro es la causa de que eso realmente ocurra, dado que Él ya lo determinó así.

 

La contradicción anterior se basa en la siguiente premisa: El hecho que Dios sepa algo que va a pasar en el futuro es la causa de que eso realmente ocurra, dado que Él ya lo determinó así. Por eso es que preguntamos ¿cómo puede ser que Rubén sea el que elige casarse con Sara si Dios ya lo sabía de antemano? (si Dios ya lo sabía antes de que suceda, tiene que ser que Él lo determinó y la “decisión” de Rubén es la consecuencia de eso).

 

Sin embargo podemos plantearlo justamente al revés. Lo que determina que es lo que va a pasar es la decisión de la persona, y el hecho que Dios sepa lo que va a pasar es la consecuencia.

 

En nuestro ejemplo, cuando Rubén se plantea la posibilidad de casarse con Sara, analiza todos los factores relevantes para la decisión y luego decide que sí quiere casarse con Sara, el hecho que Dios ya sabía su decisión no condiciona a Rubén a tomar esa decisión, sino que Rubén es quién eligió mediante su libre albedrío casarse con Sara y Dios que puede ver el futuro, observa la decisión de Rubén, pero no como causa sino como consecuencia.

 

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Para graficarlo de manera más simple es como si Dios pudiese viajar en el tiempo y viajó al año 2027 a Brasil al matrimonio de Rubén y Sara. En ese momento se enteró que Rubén, producto de su propia decisión, se casó con Sara y luego volvió al pasado con este conocimiento a una época en la que ni Rubén ni Sara han nacido aún.

 

Esto soluciona nuestra contradicción y nos muestra que realmente ambas afirmaciones si pueden convivir al mismo tiempo, sin embargo nos falta explicar que significa que Dios viaje al futuro y vuelva al pasado y cómo esto no condiciona realmente la decisión de la persona.

En el mundo espiritual no hay limitaciones de tiempo ni espacio

 

Para entender esto tenemos que explicar qué es realmente el tiempo y el espacio. Sin embargo, dado que nosotros vivimos en un mundo que sí se rige por tiempo y espacio, no podemos relacionarnos en un 100% con la idea de estar fuera del tiempo y del espacio, de todas maneras podemos aproximarnos bastante a este entendimiento.

Espacio

 

Hay creaciones que no están limitadas por el espacio. Por ejemplo, los ángeles son creaciones 100% espirituales que no dependen del espacio.

 

El ángel Eliahu está presente en cada uno de los Brit Milá de todos los judíos sin importar en que lugar estén.

 

En cada Brit Milá que se hace en cualquier parte del mundo siempre hay una silla que es el “Kisé Shel Eliahu” (la silla de Eliahu). El ángel Eliahu está presente en cada uno de los Brit Milá de todos los judíos sin importar en que lugar estén. Al mismo tiempo Eliahu puede estar en un Brit Milá en Buenos Aires, en Santiago y en Jerusalem. ¿Cómo puede ser? Esto es posible porque las creaciones espirituales no dependen del espacio, están por sobre el espacio.

 

Así también nuestra alma es algo absolutamente espiritual que está por sobre las limitaciones del espacio, si embargo, cuando Dios le asigna un cuerpo para vivir en este mundo, adquiere las limitaciones del mundo físico. Cuando una persona fallece, el alma se libera del cuerpo y vuelve a regirse por las leyes del mundo espiritual.

Tiempo

 

Estar por “sobre el tiempo” es algo que es más difícil de entender que estar por “sobre el espacio”, pero una vez que entendimos como funciona el espacio podemos tratar de entender también como funciona el tiempo.

 

El tiempo nos limita. Solamente podemos ver, vivir y sentir el presente. El pasado es historia y el futuro no ha llegado aún. El ser humano vive sólo en ese milisegundo que se llama presente. El pasado, lo conocemos porque lo recordamos, pero no lo vivimos como el presente. El futuro está oculto para nosotros y sólo podemos tratar de imaginar como va a ser.

 

Estar “por sobre el tiempo” es vivir sin la limitación de pasado-presente-futuro. Todo está disponible al mismo tiempo.

 

Es como si tuviésemos una película que comienza con el nacimiento del actor principal, luego cuenta la historia de su vida hasta que al final de la película la persona fallece luego de tener un largo y maravilloso matrimonio con varios hijos, decenas de nietos y algunos bisnietos. Si pudiésemos proyectar al mismo tiempo todas las escenas de la película sobre una gran pantalla de cine podríamos ver al mismo tiempo el nacimiento, el matrimonio y el funeral del protagonista, ¡Todo en el mismo segundo!

Eternidad

 

Esta es la definición de eternidad. Si bien generalmente nosotros nos imaginamos que la eternidad es un día muy muy largo o un año que nunca se acaba, en verdad no es así. Eternidad es estar fuera de las limitaciones del tiempo y del espacio, fuera del pasado-presente-futuro. Dios es eterno y nuestra vida espiritual en el mundo venidero es eterna porque nuestras almas no se rigen por estas limitaciones.

 

Según esto podemos entender cómo puede ser que Dios sepa en el presente lo que una persona va a decidir en el futuro. Esta pregunta sólo existe en nuestra realidad que depende del tiempo y del espacio y de las limitaciones del presente. Sin embargo “tiempo” para Dios es todo presente, tanto el pasado como el futuro, todo esta ahí al mismo tiempo.

 

El hecho que Dios sabe algo de nuestro futuro no lo condiciona porque para él el futuro es el presente.

 

Nosotros vivimos con las limitaciones del tiempo, el futuro no lo podemos ver y no podemos saber lo que vamos a decidir mañana. Sin embargo Dios sabe cuales van a ser nuestros desafíos y nuestros futuros escenarios donde vamos a tener que decidir y nos ve tomar las decisiones que vamos a tomar. Y a pesar de todo esto, el hecho que Él lo sabe no condiciona nuestra decisión sino que su conocimiento es un resultado de ella.

 

Las ideas de este artículo están basadas en las enseñanzas de Rav Jaim Fridlander zt”l en su libro Siftei Jaim.

 

Aish Latino

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