El Rey judío Salomón: El hombre más sabio de la historia fue quien construyó el templo de Jerusalén.

El Rey judío Salomón: El hombre más sabio de la historia fue quien construyó el templo de Jerusalén.

 

El Rey Shlomó, el hombre más sabio de la historia, construyó el Templo de Jerusalem y reinó durante la era dorada de Israel.

por Rav Ken Spiro

 

Antes de morir, el Rey David designó como rey a su hijo Shlomó (Salomón), quien en ese entonces tenía sólo 12 años, diciéndole las siguientes palabras:

 

“Yo voy en el camino de toda la tierra. Por lo tanto, tú deberás ser fuerte, y ser un hombre. Guardarás los preceptos de Hashem tu Dios, caminarás en Sus caminos, respetarás Sus estatutos, Sus mandamientos y Sus testimonios, conforme a lo que está escrito en la Ley de Moshé, para que prosperes en todo lo que hagas y adonde sea que vayas” (Reyes I, 2:2-3).

 

Esta clásica bendición es a menudo citada por los padres para sus hijos en el día de su Bar Mitzvá. Ésta vuelve a plantear la regla cardinal que ha guiado al pueblo judío desde el tiempo de la entrega de la Torá en el Monte Sinai: para prosperar, debes respetar la Torá.

 

Poco después, Shlomó fue coronado rey. Dios se le apareció en un sueño en el cual invitó a Shlomó a hacer un pedido para sí mismo. Shlomó respondió:

 

“Sólo soy un pequeño niño… Dale por lo tanto a tu siervo un corazón comprensivo para juzgar a tu pueblo…”

 

Su pedido fue placentero para Dios, quien le dijo:

 

“Dado que no has pedido para ti muchos días, ni has pedido para ti riqueza, ni has pedido la vida de tus enemigos, sino que pediste para ti entendimiento para comprender la justicia. He aquí que he hecho como me has pedido y te he dado un corazón sabio y entendido; como tú no ha habido, y después de ti no se levantará (otro) como tú. También lo que no has pedido te he dado, tanto riqueza como honor; no habrá alguien como tú entre los reyes, en todos tus días” (Reyes I, 3:7-13).

 

Nacido en 848 AEC, Shlomó murió a la edad de 52 años en el año 796 AEC, sirviendo como rey durante 40 años – los mejores años en toda la historia de Israel – 40 años de paz y prosperidad. Él es conocido como jajam mikol haadam, “el más sabio de todos los hombres”. El Tanaj cuenta que reyes de todo el mundo iban a escuchar su sabiduría, la cual no sólo incluía Torá, sino también sabiduría en conocimiento secular y ciencia. (1)

 

Su fama se esparció por todas las naciones alrededor. Dijo tres mil proverbios, y sus cantares (fueron) mil y cinco. Habló sobre los árboles, desde el cedro que está en el Líbano hasta el hisopo que sale en la pared. Y habló sobre la bestia, el ave, el reptil, y los peces. Vinieron desde todos los pueblos para oír la sabiduría de Shlomó, (así como emisarios) de todos los reyes de la tierra que habían oído de su sabiduría” (Reyes 1 5:11-14).

El Templo

 

El principal logro del reinado de Shlomó fue la construcción del Templo que su padre, el Rey David, había soñado.

 

Como vimos en la última entrega de esta serie, el Rey David llevó el Arca del Pacto al Monte Moriá de Jerusalem – “la puerta del cielo” – pero, como había sido un guerrero y tenía sangre en sus manos, Dios no le permitió erigir el Templo. Sin embargo, esta tarea quedó para que la realizase su hijo, quien la ejecutó exitosamente.

 

El Tanaj dedica muchos capítulos (Reyes II, 5-7) a la construcción de este edificio, el más importante de la nación de Israel – el lugar de comunión entre el pueblo judío y Dios. Ahí se cuenta que todo el Templo, tanto por dentro como por fuera, incluyendo los pisos y las puertas, estaba bañado en oro. Además de esto, había estructuras de bronce como columnas, un tanque de inmersión y lavabos. La magnífica estructura necesitó siete años para ser construida.

 

Cuando fue terminada, Shlomó inauguró el Templo:

 

“He aquí que el cielo, y los cielos de los cielos, no pueden contenerte, ¡cuánto menos esta casa que he edificado! Pero Tú atenderás la plegaria de tu siervo y su súplica, oh Hashem, Dios mío; para oír la súplica y la plegaria que tu siervo ruega delante de Ti, hoy. Para que estén Tus ojos abiertos hacia esta casa, noche y día, el lugar del cual has dicho: “Estará mi nombre allí”, para oír la plegaria… de tu pueblo Israel” (Reyes 1 8:27-29).

 

El Pináculo

 

Este fue el pináculo de la historia judía. Todos estaban unidos y no eran molestados por sus vecinos – de hecho, éstos iban a aprender de los judíos. Había paz y prosperidad.

 

Para Israel, esta era la mejor situación en la que habían estado – fue lo más cerca que el antiguo Israel estuvo de lograr el ideal mesiánico de crear una nación ideal que irradiase luz para las naciones. Éste fue el zénit. Entonces, ¿por qué no duró esta era dorada?

 

Shlomó cometió un grave error. En violación de la prohibición de la Torá, se casó con demasiadas mujeres. De hecho, tuvo 700 esposas y 300 concubinas.

 

Si volvemos al libro de Deuteronomio, en donde se discute por primera vez la idea de que los judíos algún día tendrían un rey, Moshé advirtió que el rey no debería tener demasiados caballos ni mujeres (Deuteronomio 17:17). El grandioso comentarista de la Torá, Rashi, nos dice que esto significa no más de 18, y que el Rey David tuvo sólo seis.

 

La Torá pone un límite al número de esposas y riqueza que un rey puede tener para que éste permanezca enfocado en sus responsabilidades y no sea distraído y corrompido por el materialismo y por el poder. Shlomó era consciente de estas prohibiciones, pero sintió que su gran sabiduría y espiritualidad le permitirían superar esos desafíos, los cuales incluso lo ayudarían a ser un mejor rey. Desafortunadamente, no previno los problemas que algunas de sus muchas esposas extranjeras le podrían causar. (2)

 

La primera pregunta que debemos hacer es: ¿Por qué Shlomó “necesitaba” tantas esposas? Y la respuesta no tiene nada que ver con el amor. Durante toda la historia, la razón predominante para el matrimonio en la nobleza y la realeza era crear alianzas políticas.

 

El Medio Oriente en el tiempo de Shlomó estaba constituido por muchas ciudades-estado y todos los reyes de esas ciudades-estado querían enviar a sus hijas a casarse con el Rey Shlomó para formar así una alianza con él. Es posible que Shlomó haya tenido además otra razón adicional – sus matrimonios con estas esposas extranjeras eran su manera de traer a las naciones más cerca de Dios. (3)

 

Antes de referirnos a los problemas que algunas de estas esposas causaron, tenemos que tratar con una pregunta aún mayor. ¿Acaso el Rey Shlomó se casó con muchas mujeres gentiles? Obviamente no. Antes de casarse con el rey tuvieron que convertirse al judaísmo. Pero eso lleva a otra pregunta. El Talmud declara:

 

Nosotros (el Pueblo Judío) no aceptaremos conversos en la Era mesiánica; similarmente, no aceptamos conversos ni durante el tiempo de [el Rey] David ni durante el tiempo de [el Rey] Shlomó (Avodá Zará 3b).

 

La motivación de convertirse debería venir exclusivamente de un amor a la verdad y de un deseo de unirse al pueblo judío a pesar de las tremendas obligaciones que el estilo de vida judío involucra y los peligros externos que el pueblo judío siempre ha enfrentado. En resumen, el candidato a converso debe demostrar un compromiso absoluto a pesar de las dificultades y el peligro. Los pasados reinos de David y Shlomó, y especialmente la futura Era Mesiánica, son períodos idílicos y únicos en los que el pueblo judío disfruta de paz, prosperidad y un único rol de liderazgo entre las naciones. Durante esos períodos hubo (y habrán) muchas naciones que desearon unirse al pueblo judío, pero no por un deseo de encontrar la verdad, sino por un beneficio propio. Esas conversiones insinceras no fueron aceptadas, y tampoco lo serán en el futuro.

 

Entonces, ¿cómo es que el Rey Shlomó se casó con muchas mujeres extranjeras? La respuesta es que se hizo una excepción para las futuras esposas del rey y se organizó una corte especial para tratar con sus conversiones. Dado que muchas de estas bodas fueron arregladas por razones políticas, algunas de estas conversiones seguramente no fueron completamente sinceras y no todas las esposas de Shlomó abandonaron por completo sus prácticas idólatras.

 

Al igual que con Moshé y David, vemos de nuevo el increíble nivel de responsabilidad que tenían estos líderes. Porque que una esposa del Rey Shlomó, un profeta y el más sabio de todos los hombres, Rey de Israel, practicase idolatría, era un error inexcusable por el cual Shlomó sería considerado responsable.

 

Sucedió en el tiempo de la vejez de Shlomó, que sus mujeres inclinaron su corazón (de Shlomó) tras dioses ajenos (Reyes I, 11:4).

 

Esto, por supuesto, no significa que el Rey Shlomó se hubiese convertido en idólatra, pero el Tanaj utiliza estas duras palabras porque él no evitó que sus esposas realizasen prácticas idólatras. Como rey, fue considerado responsable por las acciones de quienes estaban bajo su influencia.

 

Siendo uno de los más grandes líderes del pueblo judío, un hombre de semejante nivel espiritual – quien escribió el Cantar de los Cantares, el libro de Eclesiastés y el libro de Proverbios – debe estar sufriendo un dolor eterno en el paraíso sabiendo lo que ha sido escrito sobre él en el Tanaj. (4)

 

No sólo el criticismo a Shlomó fue duro sino que, al igual que con otros grandes líderes judíos, también lo fueron las consecuencias de sus errores. El Tanaj termina la historia de Shlomó relatando que Dios estaba enojado con él y le dijo:

 

“Por cuanto que hubo esto en ti, y no has guardado Mi pacto y Mis decretos que he ordenado a ti, desgarraré el reino de ti, y lo entregaré a tu siervo. Mas en tus días no lo haré, por David tu padre, (sino que) de mano de tu hijo lo desgarraré. Sin embargo, a todo el reino no desgarraré, una tribu entregaré a tu hijo, por David mi siervo, y por causa de Jerusalem que he elegido” (Reyes I, 11-13).

 

Se ve claramente en este pasaje cuánto amaba Dios al Rey David y cómo lo había perdonado por completo por sus errores. También es claro que se avecinaban tiempos difíciles para el pueblo judío, ya que el reino de Israel estaba a punto de ser dividido en dos.

 

Fuente: Jabad

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