Pidiéndole Perdón a Dios

 

 

 

Olvídate de la culpa paralizadora. La clásica confesión que repetimos cinco veces durante el servicio religioso, nos ayuda a realizar el trabajo interno necesario para maximizar el poder del día.

 

 

 

 

Hubo una vez una sequía en la Tierra de Israel. Los sabios le rogaron a Dios por misericordia, pero sus plegarias no fueron respondidas a pesar de su gran sinceridad. Finalmente, Rabí Akiva rezó, dirigiéndose hacia Dios como Avinu Malkeinu, nuestro Padre, nuestro Rey. Fue entonces que la lluvia empezó a caer, alimentando la tierra seca.

 

Las palabras de Rabí Akiva abrieron los corazones y almas no sólo de esa generación, si también de muchas generaciones futuras. Aprendimos a ver a Dios no solo como un monarca, si no también como un padre querido.

 

Una de las características más claras en la relación de un padre/hijo es la incondicionalidad. Los padres e hijos se pueden sentir distanciados, pero ellos nunca pueden dejar de estar conectados. La oportunidad de reexperimentar el amor de Dios por nosotros es más grande en Iom Kipur que en cualquier otro momento. Esto significa que Dios nos da la posibilidad de romper la barrera más fuerte que podamos erguir entre Dios y nosotros; la barrera del pecado.

 

La palabra “pecado” tiene una muy mala reputación. Está asociada con una culpa paralizadora que reduce a polvo nuestra alma. De hecho, existen tres palabras en hebreo para describir “pecado”, que es verdaderamente un fracaso de la auto expresión.

 

Una es jet, que literalmente significa no tener éxito.

La segunda es avon, que significa deseo.

La tercera es pesha, que significa rebelión.

 

Cuando tomamos responsabilidad por nuestras acciones, y por la dirección que nuestra vida ha tomado, (incluso cuando nuestras decisiones fueron inclinadas por factores externos u otras personas), podemos empezar a avanzar. Mientras neguemos la posición en que nos encontramos ahora, nos daremos cuenta que ahí seguimos también al otro día.

 

Hay un gran obstáculo para mejorarnos a nosotros mismos. No se puede revivir el pasado. Las normas de conducta que hemos desarrollado son extremadamente difíciles de romper.

 

Cuantas veces nos hemos sentido atrapados por el traicionero e invisible piloto automático. Lo que nos libera de la carga de la inflexibilidad impuesta por nosotros mismos es Dios. Él está dispuesto a invertir las leyes de causa y efecto para poder librarnos de nosotros mismos. La única condición que se requiere es que tomemos responsabilidad por nuestras decisiones, y que nos arrepintamos del daño que hemos causado.

 

La confesión clásica es el medio que utilizamos para hacer esto. Esta confesión es recitada cinco veces en Iom Kipur durante cada uno de los rezos recitados de pie y en silencio, la “Amida”. En vez de terminar nuestra plegaria silenciosa con la petición a Dios de que nos conceda paz, antes de concluir, agregamos la confesión.

 

Al estudiar esta confesión, podemos realizar el trabajo interno necesario para maximizar el poder del día. Veámosla cuidadosamente.

 

La Confesión

 

ASHAMNU: Nos hemos convertido en personas desconsoladas.

 

Nos comprometemos en reconocer que nuestros fracasos son auto destructivos.

 

BAGADNU: Hemos traicionado nuestro potencial, a nuestra familia, y a Dios.

 

Podemos preguntarnos, ¿Quiénes hemos sido en nuestro rol multifacético como seres humanos y como judíos? ¿A quién hemos traicionado? ¿No es a nosotros mismos al igual que a otros?

 

GAZALNU: Hemos robado.

 

Esto incluye no sólo al robo financiero, si no también al robo de tiempo y el llevar a otros a pensar mediante el engaño que somos más competentes de lo que en realidad somos. Este pecado es especialmente dañino ya que refleja el hecho que hemos rechazado el rol en la vida que Dios nos ha dado.

 

DIBARNU DOFI: Hemos hablado con “dos bocas” – hemos sido hipócritas.

 

Podemos confrontar nuestro miedo al rechazo, y la deshonestidad, con la que nos “cubrimos”. ¿A quién le tenemos miedo? ¿Por qué? ¿No deberíamos estar dispuestos a enfrentar la realidad que nos confronta?

 

HEYVINU: Hemos hecho cosas deshonestamente.

 

Esto incluye todas las formas de racionalización deshonesta. Nuestra hambre de decencia a veces se satisface con falsas justificaciones. Debemos recordar que incluso un asesino se justifica en el momento que comete un crimen. Debemos elevarnos por encima de la falsa auto compasión que en ciertos momentos nos deja caer en la ética circunstancial.

 

VIHIRSHANU: Hemos hecho a otros pecar.

 

Hemos forzado a otros a reaccionar destructivamente. Un ejemplo de esto es un padre que le pega en la cara a un hijo adolescente, casi forzándolo a perder el control verbal (y posiblemente también el físico).

 

ZADNU: Hemos pecado intencionalmente.

 

Un ejemplo clásico es mentir, en donde existe siempre una conciencia completa de que uno está cometiendo un pecado. ¿Cómo podemos aprender a traer a Dios devuelta a nuestra conciencia, si estamos cegados por el estrés y el miedo?

 

JAMASNU: Hemos sido violentos.

 

Esto incluye todas las formas de tomar la ley en nuestras propias manos. Casi todos hemos caído en la trampa de dejar que el fin justifique los medios.

 

TAFALNU SHEKER: Nos hemos insensibilizado frente a la deshonestidad.

 

La deshonestidad nos parece “normal”. Cuando vivimos en un lugar y en una época donde mentir es “normal”, podemos esforzarnos e imaginar a nuestros héroes espirituales en nuestros zapatos.

 

YATZNU RA: Hemos dado malos consejos.

 

Esto es usualmente el resultado de estar avergonzados de admitir nuestra ignorancia. Una de los más hermosos aspectos en aconsejarse con los sabios de la Torá, es su capacidad de usar las palabras “no lo sé”. Comprometernos en reintroducir esta frase en nuestro vocabulario puede ser un cambio para toda la vida.

 

KIZAVNU: Hemos decepcionado a Dios, a nosotros mismo y a otros al no cumplir nuestras promesas.

 

Les decimos a las personas que cuenten con nosotros, cuando lo que en verdad estamos diciendo es que cuenten con nosotros si las cosas salen bien. Cuando no, es importante preguntarse a uno mismo: ¿A qué se debe que en situaciones en donde la integridad y la conveniencia no pueden coexistir, siempre la integridad tiene que ser sacrificada?

 

LATZNU: Hemos sido despectivos.

 

Hemos reducido la importancia de personas y valores que merecen respeto. Todos conocemos por lo menos una persona que se destaca por devaluar a otros. Si esa persona es uno mismo, entonces debemos cuestionarnos la dirección en que nuestra necesidad de autoestima nos está llevando.

 

MARADNU: Nos hemos rebelado.

 

Nosotros, en nuestra infinita seguridad, nos hemos encontrado probando negativa e infinitamente tanto a Dios como a nuestros compañeros. ¿Cuántas veces en el año nuestras vidas pudieron haber sido espiritualmente mejoradas si no hubiéramos tenido que “enseñarle” a alguien una lección?

 

NIATZNU: Hemos enfurecido a personas.

 

Les hemos tocado intencionalmente los puntos que más les molestan a otras personas. Hemos causado que la ira de Dios se despierte por nuestra conducta auto destructiva. Hemos dejado que nuestro deseo de conexión humana nos lleve a interacciones destructivas.

 

SARARNU: Nos hemos puesto a un lado.

 

Hemos confrontado la verdad, y hemos mirado hacia el otro lado. Hemos escogido la comodidad por sobre la moralidad.

 

AVINU: Fuimos víctima de nuestros impulsos.

 

¿Podrían mejorar nuestras vidas si aprendiéramos a preguntarnos no sólo la pregunta “¿Qué?”, si no que también la pregunta “¿Cuándo?”? El deseo de satisfacción instantánea tiene consecuencias financieras, físicas y emocionales.

 

PASHANU: Hemos destruido criterios de conducta que sabemos que son correctos, y los hemos justificado con nuestro egotismo.

 

¿No nos hemos encontrado justificando malas decisiones con mentira tras mentira? ¿No nos hemos frenado de avanzar porque hacerlo significaría tácitamente admitir que nuestro nivel presente no es suficientemente “perfecto” para satisfacer nuestros egos?

 

TZARARNU: Hemos afligido a otros.

 

Incluso en situaciones donde palabras duras son requeridas, cuando vamos más allá de lo necesario, somos responsables por el dolor causado por cada palabra innecesaria. Mientras estemos desahogándonos, nuestra víctima puede creer cada palabra que digamos. El resultado puede ser una trágica disminución en su autoestima.

 

KISHINU OREF: Hemos sido testarudos.

 

Hemos sido tercos y no hemos estado dispuestos a redefinirnos. No importa que tan equivocados estemos, insistimos en que tenemos razón.

 

RISHANU: Hemos sido malvados.

 

Esto incluye todas las formas de agresión física o de injusticia financiera (tal como negarse a pagar un préstamo). Cuando Moisés vio a un judío pegándole a otro judío, él lo llamo “rashá” (malvado). Él nunca utilizó esta frase en ningún otro contexto.

 

SHIJATNU: Hemos sido inmorales.

 

Esto incluye todas las maneras de “caza” deshumanizada de miembros del sexo opuesto, o la opción equivalente de convertirse en “presa”. ¿Nos hemos preguntado por qué seleccionamos una imagen específica para que nos represente y le diga al mundo quienes somos?

 

TAINU: Hemos errado.

 

Esto, por su puesto, no hace referencia a los pecados que cometimos porque no sabíamos de mejores opciones. Esto se refiere a la elección de permanecer ignorantes, lo que inevitablemente llevará a cometer errores adicionales. Este es un buen momento para tomar una resolución sólida y definida para aprender más.

 

TIATANU: Hemos engañado a otros.

 

Hemos esparcido nuestras ignorantes suposiciones y por consiguiente, causado que otros sean víctimas.

 

El propósito de estudiar esta lista no es revolcarse en la culpabilidad. Está hecha para llevarnos al punto en donde podamos pararnos honestamente frente a Dios y decir, “Este es quien yo era. Ayúdame a ser quien quiero ser. Ayúdame a encontrar mi verdadero yo”.

 

Su ayuda está garantizada. Él es nuestro Padre, no sólo nuestro Rey.

 

Fuente Aish Latino

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *